En su conjunto, las numerosas historias literarias de Hispanoamérica han configurado una narrativa canónica que, aunque resulta fundamental para conocer y reconocer el vasto campo de la literatura hispanoamericana, deja fuera una gran cantidad de voces y propuestas artísticas, y en especial aquellas que no se avienen a los parámetros establecidos por las autoridades académicas en turno. Ciertamente, por su propia naturaleza, la historiografía literaria es una práctica situada a la cual le son inherentes los procesos de inclusión y de exclusión, pero es imposible negar que siempre la atraviesan relaciones de poder irreductibles a las intenciones políticas explícitas de quienes escriben cada historia: la tarea de compilar, seleccionar, organizar y poner en diálogo materiales literarios tiende a producir y reproducir jerarquías epistemológicas e intelectuales que conviene revisar, además de engendrar silencios y lagunas que no son neutros. Gracias a la digitalización y la difusión de acervos bibliohemerográficos hoy disponibles en internet, se patentiza que entre las voces históricamente excluidas destaca la de las escritoras.
El término “historia” alberga una ambivalencia constitutiva al designar tanto una serie de acontecimientos vitales como la posterior narración de dichos acontecimientos. Michel-Rolph Trouillot mostró que los silencios de la historia, lejos de responder solamente a la voluntad de quienes la escriben o de generarse en un único momento, se inscriben en distintos niveles de la producción histórica: en la creación y la fijación de las fuentes, en la constitución y el resguardo de los archivos, en la elaboración y la actualización de las narraciones, en la atribución de la relevancia retrospectiva, etcétera. Trasladadas al ámbito literario, las ideas de Trouillot nos alertan respecto a que la exclusión de ciertas voces es el resultado de procesos estructurales de silenciamiento que preceden, acompañan y exceden la escritura académica, y no una serie de olvidos corregibles mediante la simple adición de nombres.
Roberto González Echevarría y Enrique Pupo-Walker, editores de The Cambridge History of Latin American Literature (1996), publicaron en 2006 la traducción castellana de dicha obra, bajo el título Historia de la literatura hispanoamericana, en cuyo prefacio leemos: “la Historia no es únicamente una historia de la literatura hispanoamericana, sino también una declaración del estado actual de la historiografía literaria hispanoamericana” (II, 26). Si hubiéremos de creer a los editores, hasta finales del siglo XX, esta historiografía haría caso omiso de la producción y el aporte de algunas de las mayores exponentes de las literaturas de los países de Hispanoamérica; por ejemplo, en cuanto a las decimonónicas, la española/guatemalteca Josefa García Granados, la colombiana Josefa Acevedo, y la argentina Eduarda Mansilla; y del XX, la mexicana Josefina Vicens, la guatemalteca Luz Méndez de la Vega, la salvadoreña Claudia Lars (Carmen Brannon), la hondureña Clementina Suárez, la costarricense Carmen Naranjo, la nicaragüense María Teresa Sánchez, la panameña Gloria Guardia, la colombiana Helena Araújo, la ecuatoriana Ileana Espinel, la boliviana Hilda Mundy (Laura Villanueva), la paraguaya Teresa Lamas, la peruana Magda Portal, la chilena Elena Aldunate, la argentina María Elena Walsh, la uruguaya Armonía Somers (Armonía Etchepare), la venezolana Luz Machado, la dominicana Hilma Contreras o la cubana Nivaria Tejera. Sin embargo, todas ellas gozan de enorme prestigio en el marco de sus respectivas literaturas nacionales.
En la Historia tampoco se habla de la obra de la chilena María Luisa Bombal, ni la de las uruguayas Ida Vitale e Idea Vilariño, por mencionar un puñado de nombres ampliamente valorados y reconocidos por la crítica y el público lector. Igual de significativa nos parece la con-fusión que, en el primer tomo de la Historia, bajo la pluma de Andrew Brush, engendra a una tal “Camila Ureña
Henríquez” (I, 412), mezcla de Salomé Ureña Díaz con su hija, la también escritora Camila Henríquez Ureña. De esta última nada se dice en el segundo tomo. No obstante, quizá nuestra mayor objeción a la Historia, extensible a otras historias literarias, sea que intenta cerrar más caminos de los que abre para la investigación. Sirvan de muestra estas citas: la primera, de Cathy L. Jrade: “La vida y la carrera de Delmira Agustini se pueden resumir en unas pocas líneas que desmienten el poder y la complejidad de su legado” (II, 92); la segunda, de González Echevarría: “[Rosario] Ferré, por ejemplo, pero sobre todo [Isabel] Allende, están tan marcadas por García Márquez (Ferré también por Cortázar) que la única vía para hacer una valoración positiva de sus obras es declararlas parodias o pastiches de las de esos maestros del Boom” (II, 17).
Creemos, junto con Trouillot, que el pasado no es un contenido estable, accesible a través de la memoria o el archivo, sino una posición siempre construida desde un presente que lo reconfigura. Por ello, y considerando que las revistas académicas son un medio idóneo para el debate, invitamos al público interesado a colaborar en un número especial de la revista El Pez y la Flecha dedicado a revisar los procesos historiográficos, epistemológicos y materiales que han moldeado los relatos dominantes de la literatura hispanoamericana y han excluido a las escritoras. En un intento por ser congruentes con la dilación de procesos históricos, planteamos una restricción temporal: las escritoras deben haber nacido hasta 1940, como máximo. Antes que la recuperación más o menos mecánica de un repertorio de nombres y títulos, lo que se busca es explorar desde perspectivas críticas y propositivas las condiciones que viabilizaron la exclusión de esas obras y esas escritoras, así como los efectos de ésta en nuestra comprensión del pasado literario, y no se diga ya de las literaturas regionales.
Para este número se valorarán particularmente trabajos que:
- Analicen casos paradigmáticos de escritoras y obras suyas excluidas de las principales historias literarias de Hispanoamérica. Por ejemplo, cualquiera de las listadas en los parágrafos anteriores.
- Ofrezcan relecturas críticas desde enfoques feministas, interseccionales y decoloniales que cuestionen los supuestos epistemológicos de la historia literaria tradicional y esbocen nuevas líneas de trabajo relativas a la literatura hecha por mujeres.
- Reflexionen sobre la materialidad de la historicidad literaria, examinando cómo las condiciones asimétricas de producción, circulación y preservación de textos han reforzado el borramiento de las escritoras.
- Exploren ciertos silencios u omisiones de escritoras como efectos del poder en los diferentes momentos de la producción histórica: creación de fuentes, constitución de archivos, selección y ensamblaje de hechos, y atribución retrospectiva de importancia.
- Ensayen modos alternativos de escritura historiográfica que se distancien del modelo acumulativo y cuestionen las propias bases de lo que cuenta como literatura y por qué.
Propongan estrategias que permitan pensar la historia de la literatura como un proceso abierto y conflictivo, no clausurado por las narrativas canónicas.
Coordinación del número: Silvia Alicia Manzanilla (Universidad Autónoma de Yucatán)
Los artículos deberán enviarse al siguiente correo: elpezylaflecha@uv.mx con copia a samanzanilla@gmail.com mencionando la convocatoria a la que desean sumar su colaboración. Los artículos propuestos deben seguir las normas de publicación de la revista, los cuales pueden consultarse en el siguiente Sitio Web: https://elpezylaflecha.uv.mx/index.php/elpezylaflecha
