
Sección Cardumen
Vol. 4, núm. 8, enero-abril 2024
Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias
Universidad Veracruzana
ISSN: 2954-3843
Norma Angélica Cuevas Velasco y Raquel Velasco (Coord.). (2023). Escrituras desbordadas. Variaciones sobre el pensamiento literario.
Iván López Renterala
aUniversidad Veracruzana, México, ivanrenteral@hotmail.com
Norma Angélica Cuevas Velasco y Raquel Velasco (Coord.). (2023). Escrituras desbordadas. Variaciones sobre el pensamiento literario. 336 pp. ISBN: 9786078923243. Xalapa: Universidad Veracruzana.
Si esta reseña fuese el guión de una rutina cómica, entonces empezaría con la pregunta ¿qué tienen en común un cazador de asteroides y un crítico literario? Y la respuesta sería: ambos estudian estrellas muertas. Quizá se logre escuchar una cautelosa risa de fondo, probablemente de Paul Ricoeur, quien estaría de acuerdo con dicha afirmación. En Del texto a la acción (2022), menciona que al leer un libro le gusta considerar al autor como ya muerto y al libro como póstumo. En efecto, sólo cuando el autor está muerto la relación con el libro se hace completa y, de algún modo, perfecta: el autor ya no puede responder; sólo queda leer su obra. Algo semejante sucede con el extraño oficio de cazar asteroides: el cazador debe leer la piedra extraterrestre considerando que proviene de una estrella muerta. Y ésta no puede responder los enigmas sobre su composición ni su origen. Quien caza asteroides sólo contará con la certeza de que, en efecto, es una piedra espacial cuando examine su núcleo y observe sus componentes. De este modo, sabrá que se trata de un ejemplar único, cuyo interior alberga las propiedades de un universo desconocido, así como un posible indicio que describa nuestra vida terrestre con relación al espacio cósmico. El cazador de asteroides se convierte en un aventurero que se mueve entre las rocas buscando un secreto. Y es en esta labor donde se intercepta con el crítico literario. Ricardo Piglia (2001), en Crítica y ficción, señala lo siguiente:
a menudo veo la crítica como una variante del género policial. El crítico como detective que trata de descifrar un enigma, aunque no haya enigma. El gran crítico es un aventurero que se mueve entre los textos buscando un secreto que a veces no existe. Es un personaje fascinante: el descifrador de oráculos, el lector de la tribu.
En este sentido, la crítica literaria ingresa al núcleo del texto para descifrar el enigma de su origen. Analiza las propiedades de un universo desconocido –el del autor–, encuentra indicios de su relación con el macrocosmos literario y con los antecedentes que provocaron la génesis de su propia existencia. Escrituras desbordadas. Variaciones sobre el pensamiento literario es un ejemplo de semejante empresa. Los diversos ensayos que aparecen en la publicación de la Universidad Veracruzana muestran las “Variaciones sobre el pensamiento literario” que indagan y rastrean los componentes fundamentales de la creación literaria.
En los tres capítulos que conforman Escrituras desbordadas. Variaciones sobre el pensamiento literario, se encuentran formulaciones teóricas de distinguidos especialistas en la materia. En la primera sección, “Laberintos escritos e imaginados”, se encuentran ensayos como “Autor y personaje: la escritura secreta de Alejandro Rossi” de Malva Flores, “Saturno devorado: relaciones familiares en la obra de Eduardo Halfon” de Basilio Pujante Cascales, “Fantasmas de celuloide: el pensamiento cinematográfico de Javier Marías” de Carmen María López López, “La autopoética arácnida de Enrique Vila-Matas en Montevideo” de Carmen María Pujante Segura y “Seguir el juego: Claves para descifrar el tablero musical de Rayuela” de Raquel Velasco. Los diarios de autor, la autoficción, el lenguaje cinematográfico como recurso narrativo o la teoría musical y el contrapunto como estructura novelesca son temas centrales de este capítulo.
En la segunda sección, “Puzzles literarios”, se hayan los ensayos “La descripción “desatada” en Antagonía de Luis Goytisolo” de Antonio Candeloro, “Intertextos apócrifos en la escritura de Sergio Pitol, una panorámica” de Riccardo Pace, “Parodia de Gerardo Diego y transfiguración narrativa en un cuento de Edmundo O’Gorman” de Bryan Klett García y “El habitante y su esperanza, rompecabezas narrativo” de Gabriel Manuel Enríquez Hernández. En este apartado, resaltan las indagaciones en torno a las categorías estéticas de Luis Goytisolo, la intertextualidad en obras de Sergio Pitol y Edmundo O’Gorman, así como la influencia de la tradición romántica en Pablo Neruda.
En el último capítulo, “Alquimias metapoéticas”, Norma Angélica Cuevas Velasco establece un diálogo con la crítica, en “La confesión narrada en el pensamiento literario de Ignacio Solares”, José Ángel Baños Saldaña ensaya sobre la tradición autoficcional, en “Tipología de las autopoéticas y análisis crítico: la poesía de Ángel González”, Bárbara Greco expone categorías analíticas de la microficción, en “El realismo en los microrrelatos de Manuel Moyano: Teatro de ceniza (2011)”, y Pablo Sol Mora discurre por las reflexiones de Borges respecto a la lectura y la escritura, en “‘El lector, distraído por la vanidad…’: crítica del lector en Ficciones de Borges”.
A partir de los tres ejes centrales, Escrituras desbordadas. Variaciones sobre el pensamiento literario ingresa al núcleo del misterio para desentrañar las variaciones de la materia lingüística que hace posible la creación de nuevas configuraciones del cosmos. Sin embargo, introducirse al estadio cronotópico de la literatura implica mudar de semblante, lo que implica, además de asumir la figura de lector, adoptar la de crítico. El ejercicio de lición deja de fungir como un acto de recepción estética para dar paso a la lectura en función del análisis. Esto no significa que quien lee bajo estas condiciones esté exento del goce estético de la lectura, pero añade a ello la impronta del pensamiento analítico al sumergirse en el andamiaje de estructuras literarias. Esta metamorfosis de lector a crítico es descrita por Roberto Bolaño (2004) en “La parte de los críticos”, primer libro de su novela 2666:
Lo cierto es que tu sombra se pierde y tú, momentáneamente, la olvidas. Y así llegas, sin sombra, a una especie de escenario y te pones a traducir o a reinterpretar o a cantar la realidad. El escenario propiamente dicho es un proscenio y al fondo del proscenio hay un tubo enorme, algo así como una mina o la entrada a una mina de proporciones gigantescas. Digamos que es una caverna.
En ese sitio oscuro y singular de la caverna se encuentra la interpretación que el crítico decodifica del texto, decodificación a partir de las asociaciones con el entorno y las subjetividades que lo componen, como menciona Ricoeur (2022):
[La lectura supone] la intercepción por parte del texto de todas las relaciones con un mundo que se pueda mostrar y con subjetividades que puedan dialogar. Esta transferencia hacia el lugar del texto –lugar que es un no lugar– constituye un proyecto particular con respecto al texto, el de prolongar la suspensión de la relación referencial con el mundo y con el sujeto hablante. En este proyecto particular, el lector decide mantenerse en el lugar del texto y en la clausura de este lugar. Sobre la base de esta elección, el texto no tiene un afuera; no tiene más que un adentro.
Los ensayos coordinados por Norma Angélica Cuevas Velasco y Raquel Velasco en Escrituras desbordadas. Variaciones sobre el pensamiento literario ingresan a ese lugar del texto, pero no se clausuran en él. En cambio, descifran las intersecciones del desborde desde la propia interioridad de la palabra, exploran las fisuras, los cruzamientos, las sincronías, y muestran cómo el núcleo textual se expande por vericuetos inadvertidos. Ahí donde nuestros ojos observan el destello, la crítica será el telescopio para apreciar la estela. Será ese tubo lúgubre –como menciona Bolaño (2004)– donde nuestra sombra se pierde para dar paso al semblante crítico, para internarnos en la caverna de las significaciones, los sentidos y, acaso con suerte, de la interpretación precisa:
los intelectuales sin sombra están siempre de espaldas y, por lo tanto, a menos que tuvieran ojos en la nuca, les es imposible ver nada. Ellos sólo escuchan los ruidos que salen del fondo de la mina. Y los traducen o reinterpretan o recrean. [...]. Emplean la retórica allí donde se intuye un huracán, tratan de ser elocuentes allí donde intuyen la furia desatada, procuran ceñirse a la disciplina de la métrica allí donde sólo queda un silencio ensordecedor e inútil.
Internarse en el fondo del sentido implica valentía, pues es complejo –o infructuoso, como señala Bolaño– hallar la métrica del silencio. No obstante, el crítico se sitúa en otro lugar, ajeno a su espacio, para analizar el universo del texto. Aunque utilice los mismos signos, el crítico encontrará otra significación, otras funciones y, pese a la traducción siempre imperfecta, es quien otorga a la tribu una nueva comprensión de aquellas inusitadas renovaciones del lenguaje. Es un descifrador de oráculos. Un lector de microcosmos. Un cazador de meteoritos que, ahí donde sólo observamos un sendero de piedras, logra intuir el origen del mundo interior.