DOI: 10.25009/pyfril.v4i9.150

Nota editorial

Vol. 4, núm. 9, mayo-agosto 2024

Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias

Universidad Veracruzana

ISSN: 2954-3843

Nota editorial

Dra. Raquel Velascoa

aUniversidad Veracruzana, México, raqvelasco@uv.mx

La experiencia de migrar –literal y simbólicamente– proyecta el ejercicio de interpretación de las obras literarias hacia distintos umbrales de conocimiento, intercambio cultural y apropiaciones de la experiencia vital. Desde este punto de partida, esta nueva entrega de El Pez y la Flecha ofrece una serie de trabajos que abordan la relevancia de los viajes al interior de la literatura, así como diversas maneras de entender y construir el espacio textual.

En ese sentido, el presente número reúne una serie de colaboraciones que delinean distintas facetas del viaje en tanto tema y recurso literario. Vamos desde el retrato de la violencia colonialista en el Congo, descrita por Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, hasta las imágenes que lo replican en el contexto de emigración desarrollado por Liliana Blum en Residuos de espanto. En otra línea comparatista, el desplazamiento como motivo al interior de los relatos entrelazados en tres libros de Clara Obligado se vuelve el punto de partida para analizar la categoría genérica del ciclo.

Por otro lado, la necesidad de narrar travesías también es latente en el estudio sobre el matiz irónico de los artículos periodísticos de Jorge Ibargüengoitia sobre diferentes lugares que visitó. A su vez, la recuperación del trayecto que recorría el Ferrocarril Mexicano de Veracruz a la Ciudad de México, en los años que van de 1850 y 1873, nos da la oportunidad de asomarnos a la historia que se ventiló en los periódicos de la época en torno a los vericuetos políticos y sociales alrededor de este medio de comunicación.

En dos artículos más de este número 9, de mayo-agosto, también podemos apreciar cómo migran las palabras de la oralidad a la escritura. Uno de ellos aborda la “existencia social” de los soportes orales originados en Chiapas –en los Altos de Chiapas y la región de la frontera con Guatemala– para comprender la naturaleza de sus colectividades, mientras que el otro se detiene en el análisis de la poesía de tradición oral en Cuba y Puerto Rico. Por su parte, la poética de José Watanabe es abordada con base en una práctica habitual en los parques de las ciudades chinas: la caligrafía del agua y su conexión con el carácter fugaz de la realidad.

Otra forma de viaje es la que emprende el cuerpo desde su corporalidad hasta su materialidad textual, aspectos revisados en Permanente obra negra [Título provisional] de Vivian Abenshushan [et al.], obra que exhibe algunas contradicciones relacionadas con la identidad colectiva y la autoficción. Asimismo, uno más de los artículos propone trazar un puente entre las prosas de Juan García Ponce y José Revueltas, quienes, a pesar de su distancia temática, coinciden en el afán de crear estéticas disidentes mediante un tratamiento específico de la sexualidad. Finalmente, el erotismo da la pauta para indagar en las imágenes onírico-líricas de tres relatos de Juan Benet y su funcionamiento como descripciones desestabilizadoras de la trama.

Estamos así frente a diferentes tránsitos discursivos, que nos invitan a profundizar en la repercusión del viaje y la migración en la literatura, en algunas travesías de la oralidad hacia el cuerpo textual y en el efecto del erotismo como instancia moduladora del espacio literario.