
DOI: 10.25009/pyfril.v4i10.181
Sección Redes
Vol. 4, núm. 9, mayo-agosto 2024
Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias
Universidad Veracruzana
Michael Taussig y la ficto-crítica: la vanguardia etnográfica y la reconfiguración del occidente subalterno
Michael Taussig and Ficto-criticism: the Ethnographic Avant-Garde and the Reconfiguration of the Subaltern West
Miguel Ángel Ciprés Guerreroa
aMuseo Regional de la Laguna-inah, Torreón-Coahuila, México, miguel_cipres@inah.gob.mx,
0009-0002-9948-3817
Resumen:
Este artículo analiza cómo Michael Taussig utiliza la autoficción para desmantelar las jerarquías en la investigación etnográfica, cuestionando la objetividad y autoridad en el conocimiento antropológico. Al integrar su experiencia personal, Taussig desafía las narrativas hegemónicas y explora la idea de un occidente subalterno, sugiriendo que los sistemas de conocimiento occidentales son dinámicos y no universales. La conclusión destaca que considerar un occidente subalterno ofrece una perspectiva crítica esencial para comprender las dinámicas de poder y conocimiento en el mundo moderno.
Palabras clave: Michael Taussig; antropología; literatura; poscolonialismo; subalternidad; poder y conocimiento.
Abstract:
This article examines how Michael Taussig uses autofiction to challenge hierarchies in ethnographic research, questioning objectivity and authority in anthropological knowledge. By integrating his personal experience, Taussig challenges hegemonic narratives and explores the concept of a subaltern west, suggesting that western knowledge systems are dynamic rather than universal. The conclusion highlights that the notion of a subaltern west provides a crucial perspective for understanding power and knowledge dynamics in the contemporary world.
Keyboards: Michael Taussig; anthropology; literature; postcolonialism; subalternity; power and knowledge.
Recibido: 22 de mayo de 2024 ׀׀ Dictaminado: 22 de julio de 2024 ׀׀ Aceptado: 29 de julio de 2024
Introducción
Michael Taussig es un antropólogo y escritor contemporáneo que ha ejercido un profundo impacto en la crítica y renovación de la antropología, estableciendo un diálogo dinámico con otras disciplinas. Nacido en Australia, en 1940, Taussig ha consagrado gran parte de su carrera a desentrañar las complejidades de la vida social y cultural en América Latina, con un enfoque particular en Colombia, aunque su exploración también ha abarcado territorios como Bolivia y Venezuela. Sus escritos se distinguen por fusionar magistralmente la investigación etnográfica con la narrativa literaria, desafiando las convenciones académicas y proponiendo una reinvención del conocimiento antropológico.
Taussig es reconocido por su enfoque experimental y su fascinación por las dimensiones sensoriales y afectivas de la experiencia humana. A través de una prosa saturada de imágenes poéticas y meditaciones filosóficas, busca aprehender la riqueza y vitalidad de los fenómenos culturales y sociales que investiga. Su producción abarca una amplia gama de tópicos, desde la violencia política hasta el colonialismo, la magia y la mitología. En palabras del crítico Carlos Reynoso (1991), “Taussig, con su sesgo político inequívocamente orientado hacia la izquierda en el espectro antropológico posmoderno, ha impregnado de modificaciones la práctica de la etnografía y, sobre todo, su expresión escrita” (p. 41). Al reexaminar la escritura antropológica desde una perspectiva literaria, más que meramente antropológica, se ilumina una senda hacia nuevas formas de comprender la intersección entre la ficción y la condición antropológica.
En esta dirección, el interés intrínseco de Taussig por las imágenes chamánicas y su inquisitiva exploración de ellas ha dejado una marca indeleble en su trabajo. Asimismo, su dedicación a examinar las imágenes vinculadas a la guerra en Medio Oriente en los últimos años ha ampliado su ámbito de estudio de manera destacada. Estos dos ejes, en apariencia dispares, son testimonio de su capacidad para trascender límites epistémicos y adentrarse en las profundidades de la experiencia humana en diversas circunstancias históricas, culturales y sociales.
El nexo entre la ficción de Taussig y la condición antropológica de las obras de ficción radica en su capacidad compartida para transgredir las limitaciones de la autoridad lingüística y narrativa del documento. Esta ruptura propicia una inmersión más profunda en la subjetividad y la vivencia humana, enmarcada en la vastedad de la cultura y la sociedad. La irrupción de Taussig en los relatos que él mismo teje desafía las nociones convencionales de objetividad y distanciamiento en la investigación antropológica, entrelazando al observador con el observado y cuestionando las divisiones tradicionales entre el sujeto y el objeto de estudio.
Tras los pasos de la ficto-crítica
La obra de Michael Taussig, en su mayoría, adopta la forma de construcciones teóricas y narrativas que, con excepción de su diario de campo publicado, se desarrollan bajo el concepto de montaje, influenciado por la perspectiva de Bertolt Brecht. Estos montajes se presentan como relatos etnográficos, fundamentados en pasajes teóricos y literarios de autores provenientes de diversos campos disciplinares. Dentro de esta línea conceptual, es común encontrar referencias a escritores de ficción, como Gabriel García Márquez, William Burroughs y Franz Kafka, así como a historiadores y filósofos, como Walter Benjamin, Karl Marx y Georges Bataille. Es esencial destacar que los escritos de Michael Taussig, lejos de intentar clasificarlo como un autor de ficción, se insertan en una estrategia literaria y política que se expresa a través de niveles de imaginación y fantasía propiciados por la ficción misma. Como resultado de esta dinámica, su crítica se enfoca en la confrontación entre diversos modos de lenguaje.
Desde esta perspectiva, el planteamiento de Taussig contrasta con la perspectiva estructuralista que aboga por la desaparición del autor. A diferencia de esta postura, la propuesta de Taussig, que en este ensayo se define como autoficción, busca desafiar el lenguaje propio de la antropología, caracterizado por su rigidez formal, que incluye la presentación de datos verificables y el uso obligatorio de la tercera persona. Considerando todos estos argumentos, la perspectiva de Michael Taussig reafirma, en primer plano, la importancia del acto de escribir. Sin embargo, esta escritura busca distanciarse de las convenciones conservadoras de la escritura antropológica. Parafraseando a Jacques Derrida, la escritura puede ser vista como la práctica más arraigada del logocentrismo y el etnocentrismo en las sociedades occidentales modernas. Cuestionar esta noción requiere una investigación que roza lo metafísico y tiene un significado profundo.
¿Cómo se entrelazan los procesos de escritura con los procesos epistémicos de las sociedades modernas? En este sentido, la respuesta implica no sólo examinar los saberes de la modernidad desde la perspectiva de la escritura, sino también considerar la escritura como una de las herramientas más poderosas de las sociedades modernas. En esta dirección, los escritos de Taussig buscan mantener una distancia deliberada de los textos antropológicos clásicos, los cuales operan como instrumentos de poder en las sociedades modernas. En su ensayo sobre el fetichismo de la mercancía, Taussig (1986) señala:
El concepto de fetichismo de la mercancía me ayudó a abrirme paso tímidamente en la «conciencia», pero lo que no hice fue dar el siguiente paso, que era reflexionar sobre las formas y el sentido de la «expresión», de cómo las ideas funcionan emocionalmente y dibujan una imagen del mundo según se usen en el lenguaje. Hoy diría que es algo que sólo está al alcance de la literatura; y por literatura entiendo la ficción y esas formas documentales que se solapan con la ficción –que otras veces he denominado «fictocriticismo» (p. 18).
Dada la ambivalencia que caracteriza al fictocriticismo, la obra de Taussig fluctúa en el espacio entre las fronteras de la ciencia –aquella que se verifica y se sustenta con datos cualitativos y cuantitativos– y los dominios de la imaginación. En este sentido, el fictocriticismo en la obra de Michael Taussig se convierte en una vía para descolonizar el texto antropológico. Este proceso de descolonización efectúa, en esencia, una confrontación en el ámbito de la lengua, en un enfrentamiento lingüístico, por así decirlo. Las ramificaciones políticas y académicas inherentes al propio lenguaje antropológico son objeto de cuestionamiento por parte de Taussig, a medida que surge y se exalta el yo en su narrativa.
En última instancia, esta interpretación destila en el trabajo de Michael Taussig una lucha por trascender las limitaciones impuestas por la estructura lingüística de la antropología convencional. Su exploración de la ficto-crítica no sólo sugiere la subversión de la forma tradicional de hacer antropología, sino también una forma de resistir la hegemonía académica y política que a menudo subyace en el lenguaje antropológico. La aparente cercanía estética entre los textos de Taussig y los intentos novelescos de los etnógrafos previamente mencionados no debe minimizar la considerable brecha epistemológica que los separa. Los “accidentes” ficticios de los primeros etnógrafos carecen de la profundidad ideológica y la carga metafórica presentes en los textos de Taussig, las cuales funcionan como dispositivos fantasmales que en ocasiones desorientan al lector. En otras palabras, la exploración introspectiva que Taussig realiza en su etnografía va más allá de la estructura narrativa convencional de los textos autobiográficos. Sus estrategias políticas desvelan las deficiencias y las limitaciones inherentes al texto antropológico.
Un caso de notable relevancia reside en los diarios de campo del antropólogo Bronislaw Malinowski, quien, de manera efectiva, introdujo ciertos recursos literarios a partir de notas personales destinadas exclusivamente a fines íntimos. Aunque estos diarios estaban redactados en polaco –a diferencia de su obra etnográfica, escrita en inglés–, no tenían la intención de ser publicados en absoluto. Sin embargo, tras su fallecimiento fueron editados y publicados con el propósito de revelar los aspectos privados de sus experiencias en Nueva Guinea. A pesar de esta comparación, es esencial recalcar que las sutilezas de los diarios de Malinowski no se asemejan a la rica complejidad ideológica y estilística que impregna los textos de Taussig. Estos últimos, a través de su lente autorreferencial, no sólo desafían la normativa narrativa, sino que también se erigen como un rechazo a las convenciones políticas y académicas arraigadas en los textos antropológicos tradicionales. Esta lucha por la representación verídica, infundida con perspectivas subjetivas y políticas, encarna la esencia de la obra de Taussig y distingue su enfoque de las exploraciones pasadas en el género. Comenta el antropólogo Raymond Firth (1989):
El diario hace referencia a un período muy crítico de su carrera, cuando, tras haberse equipado teóricamente para el estudio empírico, empezaba su investigación de campo en Nueva Guinea. [...]. Aunque cronológicamente muy breve, y sin proporcionar un gran número de detalles de tipo profesional, el diario indica de manera muy viva lo que Malinowski pensaba sobre las situaciones y sobre la gente, al menos, cómo se expresaba para sí solo (p. 19).
Al referirse Raymond Firth al papel secundario del diario de campo en el conocimiento antropológico, se puede entender el escaso interés de Malinowski en hacer públicos dichos diarios, eliminando así cualquier sospecha sobre la relevancia de conocer los detalles íntimos del antropólogo. En este sentido, se podría precisar que los diarios de campo de Malinowski fueron creados con el propósito de registrar memorias etnográficas para fines terapéuticos, destacando situaciones personales a modo de ficción. En otro pasaje de la introducción a los diarios de Malinowski, Firth (1989) menciona lo siguiente:
Un diario, en el sentido habitual del término, parece ser no más que un simple archivo cronológico de acontecimientos cotidianos. Esto es lo que mucha gente guarda, o intenta guardar, como una especie de aide-mémoire de sus recuerdos, o como una suerte de justificación que demuestre que los días transcurridos no han sido del todo desperdiciados. La extensión de este tipo de diario, que constituyen las memorias de generales, embajadores y otras personalidades públicas, puede proporcionar interesantes, y tal vez críticas, pruebas sobre la configuración de los asuntos públicos. Al revelar los haceres y decires de las personalidades prominentes, el testimonio puede resultar tanto más atractivo para el mundo cuanto más controvertidos resulten los temas tratados, o cuánto más estén adobados de escándalo (p. 24).
Este juicio de Firth sobre los diarios de Malinowski permite maniobrar la crítica sobre los estatutos antropológicos del trabajo de campo. Si seguimos a detalle el argumento, podríamos señalar y estar de acuerdo con que los diarios de campo fungen como un espacio “íntimo”, que obtiene relevancia interpretativa únicamente a partir de la controversia que pueda generar el discurso. La obra de Michael Taussig es un asunto más complejo. Lejos de ocultar sus intenciones ficcionales en un diario de campo, que por cierto, sí publica –él las llama notas de campo–, encuentra en la literatura y el arte no la vía para “escapar” de su realidad, como sí lo hizo Malinowski, sino más bien la vía para desarticular el lenguaje y las políticas culturales/científicas de la antropología, y como consecuencia, generar un dinamismo etnográfico cargado de mística, performatividad y alegorías estéticas, lo cual implicaría el sentido total de la fictocrítica.
Michael Taussig y el lenguaje etnográfico
Michael Taussig ha sido asociado con el grupo de antropólogos posmodernos, aunque su incursión en la antropología está profundamente enraizada en el contexto del marxismo de la década de 1960. Según Moszowski (2017), su involucramiento en el medio bohemio del Sydney Push y el anarquismo de los Sydney Libertarians lo desvió de la medicina profesional. Al ingresar a la London School of Economics, Taussig comenzó su trayectoria antropológica, que lo ha llevado a recorrer diversos países y estudiar una variedad de culturas, con especial énfasis en las montañas y la selva colombiana, desde los años sesenta hasta el presente. Moszowski destaca que, movido por el fervor de los movimientos estudiantiles de 1968, Taussig optó por estudiar lugares que aún no habían experimentado una revolución. Aunque sus primeros intereses no estaban directamente alineados con la perspectiva decolonial –recuerda que las primeras críticas poscoloniales surgieron con Edward Said–, Taussig se inclinó hacia el estudio del campesinado, criticando las políticas neoliberales y las normativas laborales de la industria capitalista.
Durante los años setenta, la antropología se vio influenciada por las corrientes post-marxistas y post-estructuralistas que emergieron del movimiento estudiantil de 1968, así como por la filosofía posmoderna que cuestionó los fundamentos científicos y epistemológicos de la modernidad. Bajo este enfoque, los textos de Taussig evolucionaron de narrativas orientadas a la reivindicación proletaria y la emancipación social hacia narrativas ficticias que priorizan la perspectiva subjetiva sobre la realidad histórica y social. En el prefacio de la edición conmemorativa de los 30 años de The Devil and Commodity Fetishism in South America, Taussig (2010) afirma:
Thirty years after its first publication in 1980 seems like a good time to add a sort of afterword to this devil book so as to ponder the nature of anthropology as storytelling [...]. But my first interest is with ‘voice’ and the art of writing –that which is the very lifeblood of our work yet rarely gets mentioned. As I see it, our work in anthropology, as much as in philosophy, is a species of poetry, a matter of finding the words and rhythm of language that resonate with what we are writing about. To put it crudely. anthropology studies culture, but in the process ‘makes’ culture as well. To be aware of this to figure out ways of translating between the known and the unknown without taking away the strangeness of the unknown and, even more important, without blinding oneself and one’s readers to the strangeness of the known, that which we take for granted about ourselves and our ingrained ways of life –such as the very idea of the market economy thrown into bold relief by the devil contract exemplified in this book (p. XI).1
Para Taussig, la verdadera esencia de la antropología reside en su condición poética. Los antropólogos se convierten en traductores que buscan captar el sentido del lenguaje del Otro a través de mecanismos intelectuales que implican múltiples categorías teóricas y metodológicas. Esta tarea recae inevitablemente en la escritura, que Taussig ve como una forma de arte que da forma a la comunicación en la antropología. Walter Benjamin (2001) también aborda la relación entre lenguaje y comunicación: “El lenguaje comunica la entidad respectivamente lingüística de las cosas [...]. El lenguaje transmite la entidad lingüística de las cosas, y la más clara manifestación de ello es el lenguaje mismo. La respuesta a la pregunta: ¿qué comunica el lenguaje?, sería: cada lenguaje se comunica a sí mismo” (p. 61). Bajo este esquema, el lenguaje antropológico, a través de la obra de Taussig, se manifiesta en códigos que aluden a sistemas políticos, semióticos e históricos. Estos sistemas posibilitan la designación y clasificación de las cosas, llevando a una estetización de los nombres. Como menciona Benjamin (1996):
El nombre puede ser considerado el lenguaje del lenguaje, siempre y cuando el genitivo no indique una relación de medio instrumental sino una de médium. En este sentido, el hombre es el portavoz del lenguaje, el único, porque habla en el nombre. Muchas lenguas comparten este reconocimiento metafísico del hombre como hablador o vocero [...]. El nombre no sólo es la proclamación última, es además la llamada propia del lenguaje. Es así que en el nombre aparece la ley del ser del lenguaje (p. 63).
En este contexto, Taussig aborda la voz –en el sentido bajtiniano– y la escritura como elementos clave del trabajo antropológico. Esto sugiere una democratización del espacio etnográfico, considerando el texto antropológico como un espacio polifónico que descentraliza la voz en la enunciación del discurso cultural. Taussig intenta capturar la diversidad y complejidad de las experiencias culturales, ofreciendo una representación más matizada y comprensiva de las sociedades estudiadas y desafiando las convenciones del lenguaje antropológico tradicional.
La ficción como estrategia deconstruccionista
En la presentación de The Magic of the State, Michael Taussig (1997) advierte que el oficio de antropólogo posee ciertas similitudes con el escritor de ficción, al afirmar lo siguiente:
Torn between the overlapping claims of fiction and those of documentary, I have allowed this magic of the state to settle in its awkwardness in the division of the form. I have changed the name of places and people where necessary to preserve anonymity, but also to render more adequately the fictional features without which documentary, including history and ethnography, could not be (p. IX).2
Esta afirmación de Taussig, que podría interpretarse como una confesión, permite comprender ciertas anomalías en su escritura, en comparación con trabajos etnográficos de corte clásico. Los ensayos autorreferenciales que presenta nos llevan a pensar que su relación con la autoficción proviene del hecho de que sus narraciones contienen datos verificables, es decir, mantienen coherencia en cuanto a tiempo y espacio se refiere. Además, sus referencias geográficas son fácilmente ubicables y, hasta cierto punto, experienciables –cualquier viajero, antropólogo o individuo puede visitar el Valle del Cauca y comprender lo que Taussig describe. Sin embargo, estas referencias no pueden ser validadas, lo cual no supondría un problema mayor si consideramos el concepto de ficción como la posibilidad de pensar en una antropología especulativa (Saer, 2014).
Bajo este esquema, al considerar a Michael Taussig como un antropólogo que emplea elementos que podrían ser considerados como ficcionales para describir y narrar sucesos «reales», pero no comprobables, se asume que toda obra antropológica podría ser contemplada, en algún punto o parcialmente, como ficción. En este sentido, es pertinente recordar las palabras de la antropóloga Marilyn Strathern (1991), quien, de manera autorreflexiva, advierte lo que pretende: “sugerir que la autoconciencia respecto de crear un distanciamiento entre escritor y lector, y de crear de ese modo un contexto para ideas que en sí mismas son novedosas, resurgió en la antropología como un fenómeno modernista” (p. 227). Esta visión crítica de Strathern, en relación con el “modernismo” de ciertos antropólogos del siglo XX, se encuentra dentro de ciertas narrativas antropológicas emblemáticas que surgieron entre 1935 y 1955. Ejemplos destacados incluyen obras de autores como André Gide, con Viaje al Congo (1927), Michel Leiris, con África Fantasmal (1934), y Claude Lévi-Strauss, con Tristes Trópicos (1955). Una similitud entre estos autores y Michael Taussig reside en la intencionalidad ético-antropológica que presentan a lo largo de sus escritos, advirtiendo de manera reiterada sobre los intereses específicos de los proyectos transnacionales que suelen ser justificados mediante la antropología. Tal es el caso de Gide y su crítica hacia el gobierno francés por hacer uso de la diplomacia para obtener concesiones industriales para algunas empresas francesas; de Lévi-Strauss y su rechazo hacia los estatutos evolucionistas de la antropología; y más recientemente el de Taussig y su crítica post-marxista hacia la industria minera y agrícola en la selva colombiana. Sin embargo, un rasgo distintivo entre los autores antes mencionados y el propio Taussig es el uso recurrente que este último hace de la literatura de ficción como dispositivo o estrategia epistemológica. Para comprender mejor este punto, podemos recurrir a la clasificación conceptual propuesta por Ana Casas (2019), en relación con la autoficción. En la obra de Taussig, es frecuente encontrar argumentos o discursos antropológicos dentro de pasajes literarios que se relacionan con la autoficción biográfica y la autoficción autorial.
Para abordar el vínculo entre los escritos de Michael Taussig y la literatura, es necesario establecer un marco analítico que exponga las interacciones entre ambas disciplinas. En este sentido, un enfoque metodológico sugerente para analizar estas relaciones se basa en la deconstrucción de Jacques Derrida. Un punto inicial en esta discusión es considerar la influencia que la deconstrucción derridiana ejerció en los trabajos poscoloniales o decoloniales de las décadas de los setenta y ochenta, los cuales se expandieron en diversos espacios académicos marginales. Específicamente, podemos pensar en autores de Asia, África y Sudamérica, que trabajan desde universidades occidentales. Por tanto, el objetivo principal del marco metodológico es establecer un puente entre Jacques Derrida y los estudios pos/decoloniales. Señala la autora Gayatri Spivak (1994):
Esto no es una disculpa; Derrida es, verdaderamente, de difícil lectura y el objeto de su estudio es la filosofía clásica. Con todo, Derrida resulta menos peligroso –cuando se le entiende– que el baile de máscaras intelectual del Primer Mundo como el ausente sin representación que deja que los oprimidos hablen por sí mismos. [...]. Derrida discute la idea de si la “deconstrucción” puede conducir a una práctica adecuada, ya sea ésta crítica o política. La cuestión es, entonces, cómo lograr que un Sujeto etnocéntrico mantenga la objetividad en el propio establecimiento de sí mismo en el momento de definir selectivamente al Otro (p. 200).
La referencia anterior de Spivak plantea un problema crucial en la construcción epistémica en torno a la obra de Michael Taussig. Aunque pueda parecer evidente que el planteamiento deconstruccionista de Derrida se alinea perfectamente con la crítica pos/decolonial, como sugiere Spivak, Taussig tomó este camino a partir de sus trabajos en la década de 1980, explorando terrenos no abordados por la metodología clásica. Sin embargo, el punto central de Spivak radica en el sujeto que observa al Otro. ¿Realmente Taussig logra trascender los límites de la filosofía occidental? ¿Spivak misma queda exenta del problema de la autoridad etnográfica? La respuesta a ambas preguntas es negativa. Si bien Taussig reconoce su posición como antropólogo occidental, se compromete, utilizando la metáfora derridiana de la teología del lenguaje, a una confrontación poética y epistémica con la escritura antropológica. Así, la interrogante de Spivak sobre el sujeto subalterno puede reformularse: ¿existe un occidente subalterno?
Deconstruccionismo y subalternidad: Michael Taussig como crítico cultural
El proyecto académico-científico que criticó al colonialismo en la segunda mitad del siglo XX delimitó sus fronteras de conocimiento en relación con las diferencias culturales, adoptando una postura ética y crítica que dio pie a desarrollos como el poscolonialismo y los Estudios Subalternos. Inspirado por Edward Said, el poscolonialismo se presenta como una alternativa que cuestiona los esquemas epistemológicos dominantes en la realidad occidental. En este contexto, Boaventura de Sousa Santos plantea preguntas cruciales sobre la existencia real de epistemologías alternativas y la razón detrás de la “descontextualización” del conocimiento promovida por la herencia ilustrada de naciones como Francia e Inglaterra. Este cuestionamiento encuentra eco en la crítica poscolonial, particularmente en la que explora el problema de la subalternidad y los espacios hegemónicos, como los ámbitos intelectuales y universitarios.
Aunque Said fue pionero en cuestionar estos estatutos, sus críticas no abarcaron el terreno del lenguaje científico subalterno, una tarea que autores como Homi Bhabha y Arjun Appadurai abordaron en los Estados Unidos. En contraste con la descontextualización occidental, Said delineó las raíces del conocimiento alternativo, que se define, a partir del concepto de orientalismo, como una filosofía opuesta a la occidental. En Cultura e imperialismo, Said (2018) afirma:
En 1978, cinco años después de la publicación de Orientalismo, comencé a reunir ciertas ideas que se me habían hecho evidentes durante la escritura del libro, sobre la relación general entre cultura e imperio. [...]. Intento extender las ideas del libro anterior para describir un esquema más general de la relación entre el moderno Occidente metropolitano y sus territorios de ultramar. Considero esos discursos africanistas e indianistas como parte del esfuerzo general de los europeos por gobernar tierras y pueblos lejanos, en relación con descripciones orientalistas del mundo islámico y con los modos espaciales de representación de las islas caribeñas, Irlanda y el Lejano Oriente por parte de los europeos (p. 11).
La crítica de Said hacia la construcción del conocimiento imperial se sitúa en el marco de una discusión más amplia sobre la relación entre poder y saber. Este enfoque es crucial para comprender cómo la literatura y la antropología se entrelazan en la obra de Michael Taussig. Al igual que Said, Taussig reconoce la influencia del imperialismo en la producción de conocimiento, pero su enfoque incluye una dimensión estética que va más allá de la crítica política y cultural.
Taussig examina cómo las narrativas antropológicas pueden perpetuar estereotipos y relaciones de poder coloniales a través de su estilo literario y representación ficcional. La inclusión de su propia voz y experiencia en sus relatos etnográficos no sólo subraya la subjetividad del observador, sino que también desestabiliza las jerarquías tradicionales entre el investigador y los sujetos de estudio. Esto crea un espacio donde las voces subalternas pueden ser escuchadas y donde la etnografía se convierte en un acto de resistencia contra las narrativas hegemónicas.
Además, Taussig cuestiona los límites entre ficción y realidad en la antropología. Su enfoque sugiere que las historias y mitos de las comunidades estudiadas tienen un valor epistemológico que trasciende la mera recopilación de datos objetivos. Al narrar sus experiencias en Colombia, Taussig emplea elementos de la autoficción para reflejar las complejidades y contradicciones del trabajo de campo, posicionándose tanto dentro como fuera de las comunidades que estudia.
En este contexto, la obra de Taussig puede verse como una expansión y profundización de las críticas de Said, Bhabha y Appadurai, desafiando no sólo el contenido de las narrativas antropológicas, sino también sus formas y métodos. La intersección entre antropología y literatura en su obra permite una re-evaluación de cómo se construye el conocimiento y quién tiene la autoridad para narrar las historias de los «otros» . Este enfoque no sólo enriquece nuestra comprensión de las culturas y sociedades estudiadas, sino que también abre nuevas vías para la representación y el entendimiento de la diversidad humana en un mundo poscolonial.
En este sentido, el éxito del poscolonialismo y, más recientemente, de la crítica decolonial ha dependido en gran parte de la relación que sus lectores y detractores han establecido entre estos modelos teóricos y metodológicos y la obra de Derrida. Pero ¿en qué medida podemos vincular un proyecto académico-político como el poscolonialismo de Said con una propuesta «anti-metodológica como la deconstrucción de Derrida?
Uno de los mayores aportes de Derrida fue la creación del concepto de deconstrucción, un término post-estructural que escapa radicalmente de los límites metodológicos de la hermenéutica y la epistemología cientificista y se vincula a argumentos estéticos y fenomenológicos. Este desprendimiento de la interpretación y del método científico permitió a Derrida y a sus seguidores un desplazamiento disciplinar exitoso. Las lecturas que Derrida realizó sobre las oposiciones binarias creadas por Lévi-Strauss en Las estructuras elementales del parentesco llevaron a la deconstrucción a penetrar en otras áreas de estudio, como la lingüística, la literatura y, más recientemente, la historia y los estudios de arte.
Asumiendo siempre una postura anti-sistémica, Derrida criticó del estructuralismo clásico la insistencia en formular la estaticidad de la estructura. Creyó que lo que los estructuralistas denominaban centro –pensemos en los morfemas de Trubetzkoy o en los mitemas de Lévi-Strauss– debía ser sustituido por algo que él conceptualizó como suplemento. Derrida (1989) explica:
el acontecimiento de ruptura, la irrupción a la que aludía yo al principio, se habría producido quizás en que la estructuralidad de la estructura ha tenido que empezar a ser pensada, es decir, repetida, y por eso decía yo que esta irrupción era repetición en todos los sentidos de la palabra [...]. El sustituto no sustituye a nada que de alguna manera le haya preexistido. A partir de ahí, indudablemente se ha tenido que empezar a pensar que no había centro, que el centro no podía pensarse en la forma de un ente-presente, que el centro no tenía lugar natural, que no era un lugar fijo sino una función (p. 385).
Analizando esas palabras, podemos entender que el proyecto deconstruccionista pretende diluir las oposiciones binarias del estructuralismo clásico, entendido como la universalización de las categorías discursivas de conocimiento, género, raza e historia. La falta de centro o, en palabras de Derrida, la posición del centro depende del movimiento del juego, es decir, el centro aparece como un suplemento del sistema que depende precisamente del lugar de enunciación –este problema se desarrollará más adelante, cuando se hable del lugar de enunciación del antropólogo.
En su mayoría, el proyecto poscolonial ha construido sus planteamientos teóricos a partir de un lugar ausente, que adquiere presencia en el momento de enunciación. De ahí la pertinente pregunta de Gayatri Spivak sobre si los subalternos pueden o no hablar. Bajo el argumento derridiano, los subalternos pueden dejar de ser subalternos si son colocados en el lugar más importante del juego, es decir, su discurso puede ser utilizado como suplemento del sistema. En esta dirección, el cuestionamiento de Spivak sobre la voz del subalterno mantiene un vínculo con la postura de Derrida, si afirmamos que en todo momento el sujeto puede hablar si se posiciona en el lugar “adecuado”.
La cercanía entre la deconstrucción derridiana y la cuestión sobre la voz del subalterno implica pensar en una estrategia que estimule los límites del lenguaje historiográfico y etnográfico. En este punto, la deconstrucción derridiana permite considerar las voces subalternas como dispositivos no-hegemónicos –o al menos cuya hegemonía no implica una condición binaria– que construyen aparatos discursivos “alternativos”. Sin embargo, aún queda por resolver la definición del concepto. Si la deconstrucción no es un método, ¿puede ser una teoría o simplemente una lectura irracional, como lo señalan sus detractores? Aquí es donde el trabajo de Michael Taussig cobra relevancia. Taussig, al integrar la antropología y la literatura, refleja precisamente ese movimiento de desestructuración y reconfiguración de los centros discursivos que propone Derrida. La obra de Taussig, como se ha mencionado, desafía las fronteras entre la ficción y la antropología, cuestionando y redefiniendo la propia naturaleza de las obras antropológicas. Al incorporar su propia presencia en los relatos, Taussig no sólo difumina las fronteras entre el observador y el observado, sino que también ejemplifica cómo la voz del subalterno puede emerger y ser reconocida en el “lugar adecuado” del discurso.
La auto-etnografía de Taussig, que revela las complejas interacciones entre el sujeto y el objeto de estudio, se alinea con la noción derridiana de que la posición del centro depende del lugar de enunciación. En este sentido, la obra de Taussig reconfigura la escritura antropológica como un ejercicio creativo y reflexivo, donde la literatura y la antropología se entrelazan para proporcionar una comprensión más profunda y matizada de las culturas y sociedades, ejemplificando cómo las voces subalternas pueden ser utilizadas como suplemento del sistema.
A modo de cierre
La obra de Michael Taussig ofrece una rica reflexión sobre las intersecciones entre la antropología y la literatura, desafiando los límites de la representación etnográfica tradicional y cuestionando las jerarquías de conocimiento establecidas. A través de su enfoque innovador, Taussig no sólo pone en evidencia las tensiones entre el observador y el observado, sino que también abre nuevas posibilidades para entender la dinámica entre la ficción y la realidad en el estudio de culturas. Esta reflexión es esencial para abordar una cuestión más amplia y compleja: la posibilidad de un occidente subalterno.
La idea de un occidente subalterno surge al considerar que la crítica poscolonial y los estudios sobre subalternidad han estado históricamente centrados en las experiencias y perspectivas de las colonias y los sujetos marginalizados en el sur global. Sin embargo, esta crítica ha sido aplicada en gran medida desde el marco epistemológico y cultural del oeste, que a menudo no cuestiona sus propios sistemas de poder y conocimiento.
En este contexto, Taussig proporciona una perspectiva valiosa al incluir su propia experiencia y subjetividad en sus narrativas antropológicas. Su método pone de relieve cómo las estructuras de poder y los sistemas de conocimiento no sólo afectan a las sociedades no occidentales, sino que también están intrínsecamente presentes en la producción de conocimiento en el oeste. La inclusión de elementos literarios en su trabajo no es meramente estilística, sino que sirve para cuestionar y problematizar la autoridad y la objetividad en la investigación antropológica, mostrando que incluso en el contexto académico occidental hay una construcción de la realidad que puede ser sujeta a revisión crítica.
Así, la noción de un occidente subalterno se puede interpretar como una invitación a examinar cómo las narrativas y los sistemas de conocimiento del oeste pueden ser igualmente críticos y autocríticos. Al igual que las voces subalternas del sur global pueden ofrecer perspectivas alternativas y desafiar las narrativas dominantes, también es posible que dentro del propio occidente existan formas de conocimiento y experiencia que se encuentran marginalizadas o ignoradas.
Taussig sugiere que el occidente, en su rol como productor de conocimiento y cultura, no está exento de las dinámicas de poder y exclusión que afectan a otras regiones del mundo. Su trabajo revela que las estructuras de poder que operan en la producción de conocimiento no son universales ni estáticas, sino que están sujetas a contestación y reconfiguración.
En conclusión, la pregunta sobre la existencia de un occidente subalterno abre un espacio para reflexionar sobre la universalidad de las experiencias y las narrativas. La obra de Taussig no sólo desafía las concepciones tradicionales de la etnografía, sino que también invita a cuestionar cómo el conocimiento se produce y se valida en diferentes contextos. Reconocer la posibilidad de un occidente subalterno implica aceptar que los sistemas de poder y conocimiento son dinámicos y deben ser constantemente examinados y cuestionados. En última instancia, este enfoque permite una comprensión más matizada y crítica de la complejidad de las relaciones culturales y de poder en el mundo contemporáneo.
Referencias
Benjamin, W. (2001) Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Ciudad de México: Taurus.
Casas, A. (2019). El simulacro del yo: La autoficción en la narrativa actual. En A. Casas (Comp.), La autoficción. Reflexiones Teóricas (pp. 9-42).Madrid: Arco Libros.
Derrida, J. (1989) La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos.
Firth, R. (1989). Introducción. En B. Malinowski (Ed.), Diario de campo en Melanesia (pp. 19-26). Madrid: Ediciones Júcar.
Moszowski, A. (2017). El diablo y Michael Taussig. La arquitectura filosófica de la antropología contemporánea. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Reynoso, C. (1991). Presentación. En J. Clifford, G. Clifford et al., El surgimiento de la antropología posmoderna (pp. 11-60). Barcelona: Gedisa.
Saer, J. J. (2014). El concepto de ficción. Barcelona: Seix Barral.
Said, E. (2018). Cultura e imperialismo. México: Debate.
Spivak, G. (1998). ¿Puede hablar el subalterno? Orbis Tertius, 3(6), 175-235. https://www.orbistertius.unlp.edu.ar/article/view/OTv03n06t01
Strathern, M. (1991). Fuera de contexto: las ficciones persuasivas de la antropología. En Clifford, J., Clifford, G. et. al, El surgimiento de la antropología posmoderna. (214-252). Barcelona: Gedisa.
Taussig, M. (1997) The Magic of the State. London: Routledge.
Taussig, M. (2002) Chamanismo, colonialismo y el hombre salvaje. Un estudio sobre el terror y la curación. Bogotá: Editorial Norma.
Taussig, M. (2021) El diablo y el fetichismo de la mercancía. Madrid: Traficante de sueños.
1 “Treinta años después de su primera publicación, en 1980, se presenta como un buen momento para añadir una suerte de epílogo a este libro diabólico para reflexionar sobre la naturaleza de la antropología como narración de historias [...]. Pero mi primer interés es con la ‘voz’ y el arte de la escritura, aquello que es el alma de nuestro trabajo y que, sin embargo, rara vez se menciona. A mi modo de ver, nuestro trabajo en antropología, tanto como en filosofía, es una especie de poesía, una cuestión de encontrar las palabras y el ritmo del lenguaje que resuenan con aquello sobre lo que escribimos. Para decirlo crudamente. La antropología estudia la cultura, pero en el proceso también ‘hace’ cultura. Ser consciente de esto para encontrar formas de traducir entre lo conocido y lo desconocido sin quitar la extrañeza de lo desconocido y, aún más importante, sin cegarnos a nosotros mismos y a nuestros lectores ante la extrañeza de lo conocido, aquello que damos por sentado sobre nosotros mismos y nuestras formas de vida arraigadas, como la idea misma de la economía de mercado que el contrato con el diablo pone de relieve audazmente y que se ejemplifica en este libro.” La traducción es nuestra.
2 “Dividido entre las afirmaciones superpuestas de la ficción y las del documental, he permitido que esta magia del Estado se asiente en su torpeza en la división de la forma. He cambiado el nombre de lugares y personas cuando fue necesario para preservar el anonimato, pero también para representar más adecuadamente las características ficticias, sin las cuales el documental, incluyendo la historia y la etnografía, no podría ser.” La traducción es nuestra.