DOI: 10.25009/pyfril.v4i10.185

Sección Cardumen

Vol. 4, núm. 9, mayo-agosto 2024

Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias

Universidad Veracruzana

Gualberto Díaz González. (2022). Testimonio y literatura en La noche de Tlatelolco

Jennifer Vázqueza

aUniversidad Veracruzana, México, zS22014049@estudiantes.uv.mx

Gualberto Díaz González. (2022). Testimonio y literatura en La noche de Tlatelolco. 70 pp. ISBN: 978-607-8858-16-3. Xalapa: Universidad Veracruzana.

La naturaleza del entramado social en la actualidad se caracteriza por una, cada vez más frecuente, mezcla de relaciones de carácter político, económico y social. Con mayor frecuencia, las disciplinas y profesiones se ven obligadas a trabajar en conjunto para lograr un análisis integral de los hechos o eventos. Tal es el caso de la disciplina literaria, en la que se emplean distintos elementos de diversas índoles, desde manifestaciones orales, escritas, hasta gráficas, digitales y sonoras, cuya intención es comunicar, persuadir y/o conmover a los “lectores”.

Un ejemplo claro de este entrecruzamiento disciplinar, que si bien implica una complejidad mayor también conlleva a una comprensión más acabada de un fenómeno social y estético, es el libro de Gualberto Díaz González, Testimonio y literatura en La noche de Tlatelolco, publicado en 2022, en el marco del proyecto de la Biblioteca Digital de Humanidades de la Universidad Veracruzana. En esta obra, convergen múltiples elementos, como discursos orales, crónicas, fotografías, noticias periodísticas, que, aunque varían entre sí, no están lejos del objetivo del testimonio: retratar y registrar una vivencia, una experiencia subjetiva y una realidad fragmentada.

Por otro lado, también hay que señalar que este uso de recursos transdisciplinares genera un problema en el sistema de clasificación literario tradicional: los géneros. Así pues, en una realidad interdisciplinaria es cada vez más complicado clasificar los textos dentro de un modelo específico, puesto que los límites de la literariedad se han ampliado según las necesidades modernas de los discursos y de los soportes de comunicación. Habría que agregar que el espacio de publicación de este libro se suma a la interdiscursividad propuesta, puesto que se muestra cómo el soporte crea y amplía condiciones de lectura y recepción.

En Testimonio y literatura en La noche de Tlatelolco, Díaz González dialoga sobre cómo esta variedad de elementos se entretejen y conforman la literatura testimonial, a partir del análisis de La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska (1971), una de las obras documentales y literarias más completa sobre aquél fatídico evento, que marcó la historia mexicana: la represión estudiantil ocurrida el 2 de octubre de 1968, conocida como la Masacre de Tlatelolco, en el contexto de las Olimpiadas y del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Pese a que cada año se conmemora la memoria de dicho suceso por medio de eventos, actos cívicos, marchas y manifestaciones, las primeras impresiones y acercamientos a los hechos son tan difusos como la crítica histórica especializada, por lo que el libro de Díaz González no resulta de ninguna forma intrascendente.
En el prólogo, Díaz González señala cómo su acercamiento a la obra de Poniatowska responde a una inquietud crítica, que lo impulsó a analizar de manera histórica y literaria dicha obra. La discusión comienza propiamente con la mención de un elemento imprescindible en todos los géneros literarios, en el discurso y pensamiento humano desde sus primeros años: la narración. Todo el tiempo estamos contando historias, de forma oral, escrita, incluso de forma visual -través de dibujos, pinturas, fotografías y cintas cinematográficas. Es la narrativa la que permite construir y reconstruir experiencias propias, la realidad y la ficción desde una subjetividad propia y colectiva.

La necesidad de reconstruir experiencias y dar a conocer una verdad propia a través de la narración es una condición humana, como una respuesta de las sociedades para construir una historia propia, que en ocasiones refleja y critica la dominación y opresión y permite visibilizar la otra versión de un hecho que hasta entonces era desconocida, una realidad inaccesible desde la versión hegemónica de la historia.
Además de la revisión histórico-social del testimonio, Díaz González lo analiza como un recurso fundamental en la ciencia jurídica y en el proceso legal, donde es entendido como una declaración de hechos pasados o presentes estrictamente dirigida a un juez y emitida por las partes involucradas o por terceros que hayan presenciado un acontecimiento. Al ser una narración con fines probatorios, por medio de material documental, da a conocer la percepción sobre una realidad y permite fijar los hechos de un suceso histórico o social.

La obra de Díaz González señala la importancia del testimonio en el ámbito jurídico, histórico y social; realiza precisiones histórico-culturales de sus primeras apariciones; destaca la importancia que ha tenido en Latinoamérica; y además realiza una revisión crítica acerca de la utilidad y pertinencia de este recurso en la literatura, haciendo uso de múltiples ejemplos de literatura testimonial. De esta forma, entonces, el autor señala que el testimonio es un recurso que puede ser analizado a partir de la teoría literaria, cuando éste emplea recursos retóricos y estéticos.

El análisis de una obra como la de Poniatowska, que reúne narraciones testimoniales de diversas índoles sobre un hecho violento, le permite a Díaz González tener una visión interdisciplinar y abordar la obra y su principal recurso narrativo desde un enfoque de los Derechos Humanos. Dicho enfoque tiene una pertinencia y relevancia social cada vez mayor en la actualidad, debido a la necesidad de garantizar la dignidad, la integridad, la justicia y la equidad de todos los seres humanos. Este enfoque permite entender la necesidad de concebir el testimonio como un derecho a la libertad de expresión, a la verdad y al acceso a la justicia. En este sentido, el testimonio es una forma de resistencia, que le otorga un lugar y una voz a un grupo social que ha sido violentado, silenciado e invisibilizado en levantamientos, guerras y movilizaciones sociales. Su materialización en la escritura simboliza la capacidad de responder a un interlocutor que no ha permitido dar respuesta y, de esta manera, fijar una versión alternativa de la historia. Ante la imposibilidad de actuar, levantar la voz y dejar testimonio se convierte en el único medio de resistencia.

Dadas las características del testimonio, así como su carácter principalmente oral, Díaz González se cuestiona cuál es el lugar de éste dentro de los géneros literarios: si es más cercano a la crónica, por su carácter histórico, o a la narrativa, por los recursos estilísticos que emplea. Ante este cuestionamiento, existen varias respuestas: la literatura testimonial ha sido considerada como parte del género de denuncia y también como crónica histórica, por dar voz a las minorías y ser, así, un espacio alternativo a la historia hegemónica, un espacio de denuncia, concientización y reivindicación social. Lo anterior son algunos de los aspectos que distancian al testimonio del género de la narrativa literaria, pero sobre todo el aspecto que pareciera marcar mayor distancia es el rasgo documental histórico o de prueba judicial. Al respecto, uno de los recursos que más genera controversia, por su uso en La noche de Tlatelolco, son las fotografías, principalmente por las nociones de lo que es o no literatura; sin embargo, Díaz González destaca cómo éstas sirven para dar fuerza a los testimonios, y que son indisociables, pues son utilizadas a forma de ecos testimoniales. En la obra de Elena Poniatowska, los testimonios y las fotografías se configuran como un coro de voces que se mezclan, se enciman, se confunden y narran el caos del dos de octubre. Sin embargo, los recursos utilizados funcionan porque la autora-narradora los hace dialogar, ordena los testimonios armónicamente apelando a la estética y a la creatividad, lo que le permite crear una obra extraordinaria sobre un evento que también lo fue. Para Díaz González, las fotografías vuelven particular el texto, debido a que son una forma alternativa de narrar, un recurso que atrae la atención por el desorden y yuxtaposición que poseen; son una evidencia del trabajo estético realizado por la autora, que introduce e involucra al lector en los espacios y acontecimientos que narra, lo vuelven observador, narrador y finalmente, testigo.

Parece concluir, entonces, que la literatura testimonial es interdisciplinaria, pues se apoya de diversas ciencias, como el periodismo, la sociología, la antropología, la fotografía, y forma parte de la ciencia literaria debido a la labor que realiza el narrador-autor al organizar los recursos testimoniales. Es ya lugar común la consideración de Hidden White sobre el discurso histórico frente al ensayístico: todo depende de la forma que se le dé al discurso para responder a una intencionalidad. Un muy buen ejemplo es el de La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, como lo demuestra Díaz González, pues a través de recursos narrativos, poéticos y estéticos lleva al testimonio más allá de la referencia, permitiendo analizar la obra desde la teoría literaria: logra darle trascendencia estética.

De esta manera, el testimonio en la literatura se mueve entre la ficción y la realidad, pero no necesariamente entre la falsedad o el engaño. Las características de éste obligan a mantenerse dentro de la información veraz y el objetivo que persigue obliga al narrador-autor a tomar una postura ante los hechos, debido a que busca dar voz a los que no la tienen, y adecuar los discursos a su estilo, sin traicionar lo que éstos implican. Se trata de un discurso que fluye entre la realidad y la ficción, entre la cotidianeidad y la estética.

La obra Testimonio y literatura en La noche de Tlatelolco de Gualberto Díaz González evidencia la importancia del testimonio como recurso literario, visibiliza la literatura testimonial como parte de la ciencia literaria y enfatiza la necesidad de brindar un espacio dentro de ésta a los textos que van más allá de los géneros tradicionales. Además, destaca la necesidad de un enfoque en materia de Derechos Humanos, ante una realidad que invisibiliza los discursos que no corresponden con la historia hegemónica y transgrede los derechos de libertad de expresión y de acceso a la verdad de los grupos sociales marginados.