DOI: 10.25009/pyfril.v4i10.187

Sección Cardumen

Vol. 4, núm. 9, mayo-agosto 2024

Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias

Universidad Veracruzana

Vicente Quirarte (Sel. y est.). (2023). Rubén Bonifaz Nuño: Rubén por nosotros

Ángel José Fernándeza

aUniversidad Veracruzana, México, afernandez@uv.mx, 0000-0002-8671-7197

 

Vicente Quirarte (Sel. y est.). (2023). Rubén Bonifaz Nuño: Rubén por nosotros. 246 pp. ISBN: 978-607-99517-1-9/978-607-8923-44-1/978-607-30-8190-0/978-607-7874-64-5. Ciudad de México: Fundación para las Letras Mexicanas/Universidad Veracruzana/Universidad Nacional Autónoma de México/El Equilibrista. Imágenes fotográficas de la colección de Paloma Guardia Montoya.

En 2003, cuando Rubén Bonifaz Nuño iba a cumplir 80 años preparó un grupo de «calaveras», que dio a la estampa bajo el título Calacas. Este cuaderno fue impreso por El Colegio Nacional (2003, 44 pp.), institución a la que pertenecía desde 1972. Con Calacas, refrendaba, por su contenido explícito e irónico, el humor y el talante de quien se asumía como un simple mortal en vísperas de tránsito. El poeta de Córdoba, Veracruz, que viviría casi diez años aún,ya no volvió a publicar más en verso. A propósito, Quirarte anotó en su prólogo: “Rubén Bonifaz Nuño tuvo la cortesía de darnos tiempo para despedirnos lentamente de él. Desde hace varios años le dijo adiós a la vida y soportó con estoicismo la proximidad de la muerte, escribiéndole versos en un volumen muy mexicano y muy clásico, juguetón desde el título: Calacas” (p. 12).

Con sus «calaveras » , bien cargadas de vuelos líricos, registros de sabiduría y derroche popular, puso punto definitivo a una obra llamada a convertirse en clásica. Incluso, en este ejercicio juguetón, echó mano de su formación grecolatina, pues puso a sus Calacas un epígrafe de La Ilíada –el verso 107 del capítulo XXI–, el cual citó primero en caracteres griegos y luego, hacia el final de su cuaderno, lo ofreció al lector traducido al español: “Murió también Patroclo, quien mejor que tú era con mucho.” En torno a esta dualidad occidental y mexicana, Rubén Bonifaz Nuño construyó la llamarada de su visión del mundo, llenándola de un mestizaje sumamente complejo y personal. Este ingrediente esencial aparece y reaparece con mucho esplendor a la largo de sus obras.

El contenido de Rubén por nosotros ofrece, en este sentido, algunas peculiaridades: por ejemplo, Vicente Quirarte, el antologador e introductor del volumen, escogió obras en verso y prosa. Y cuando seleccionó los versos, además ocupó un criterio doble: incluyó tres libros que reprodujo íntegros: La muerte del ángel –su primera colección, impresa en 1945–; su gran poema lírico: El manto y la corona –publicado en 1958– y La flama en el espejo –cuya primera edición fue de 1971. Junto a estos tres libros, seleccionó poemas de otros libros, aunque no seleccionó poemas de libros como Imágenes (1953), Canto llano a Simón Bolívar (1958), Siete de espadas (1966), El ala del tigre (1969), Tres poemas de antes (1978), Pulsera para Lucía Méndez (1989) o Trovas del mar unido (1994). Quirarte significó, entonces, su primera colección de sonetos, La muerte del ángel, su primer gran libro de lírica amorosa, El manto y la corona, y un libro hermético y complejo de la edad madura: La flama en el espejo. Así lo señaló Quirarte en la “Advertencia editorial”, al explicar que los copió en su totalidad por tratarse de “libros que constituyen una historia completa de principio a fin y que son muestra del Bonifaz más accesible e inmediato, así como del poeta afamado en establecer con su lector un diálogo difícil y estimulante” (p. 9).

Al lado de estos libros de poemas, Quirarte añadió ejemplos poéticos de otros libros: Los demonios y los días, Fuego de pobres, El corazón de la espiral, Del templo de su cuerpo, As de oros, Albur de amor y el ya mencionado Calacas. Por otra parte, el volumen Rubén por nosotros, celebratorio del primer centenario de Rubén Bonifaz Nuño (1923-2023), contiene cinco textos en prosa, con los que el coleccionista se propuso dar una idea cabal de los indudables méritos universales del poeta mexicano. Se trata de cinco piezas imprescindibles: Destino del canto, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua; La fundación de la ciudad, su discurso de ingreso a El Colegio Nacional; los ensayos Catulo y su obra, texto introductorio a su traducción del latín; la Introducción a Propercio; y el prólogo al volumen del pintor Ricardo Martínez.
En el prólogo “Rubén por nosotros”, Quirarte incluyó la hipótesis realizada por Sandro Cohen sobre la composición del verso, con la que Bonifaz Nuño “le dio alas a su poesía y no para lastrarla”. Cohen conjeturó:
Nadie ha explorado los mecanismos del verso como Bonifaz Nuño. Muy pronto empezó a cuestionar la intocabilidad del endecasílabo acentuado en sexta, y buscó la manera de transformar su cadencia al cambiar el punto de apoyo de la sexta a la quinta sílaba. Hay que ver cómo esta mudanza, aparentemente sutil, le abrió muchas posibilidades nuevas de versificación, combinando, por ejemplo, endecasílabos con decasílabos y eneasílabos, manteniendo constante ese acento en quinta, como el timonel que no pierde el rumbo pese a los embates del viento, la lluvia y corrientes invisibles (p. 13).

Esta búsqueda formal y otros hallazgos dieron como resultado un estilo personal en Bonifaz Nuño. Por eso se explica que el poeta, en sus indagaciones, alcance el carácter de clásico y popular, pues, como afirma Quirarte, “cantó los trabajos del vencido, pero también al amor y a la mujer en algunos de sus más altos poemas, en libros que adquirirían cada vez mayor complejidad” (p. 14).

Además de la preocupación técnica y formal de su poesía, Bonifaz Nuño indagó en otros saberes humanos. Primero, exploró en el mundo clásico grecolatino. Además de su historia, aprovechó el don de lenguas y se convirtió en traductor de los poetas de las expresiones griega y latina. Fundó en la Universidad Nacional Autónoma de México la colección de escritores clásicos Bibliotheca Scriptorvm Græcorvm et Romanorvm Mexicana, la que dirigió hasta su fallecimiento. Y en ésta publicó –en ediciones bilingües y traducciones especializadas o «rítmicas » , como el poeta las denominaba–, entre otros autores, los Carmenes y Poemas de amor de Catulo, las Elegías de Propercio, las Olímpicas de Píndaro, el Hipólito de Eurípides, el volumen De la natura de las cosas de Lucrecio, las Metamorfosis, el Arte de amar y Remedios de amor de Ovidio, las Geórgicas y La Eneida de Virgilio, la Guerra gálica de Julio César, Acerca de los deberes de Cicerón y, durante los últimos años de vida, entregó a las prensas y en la misma colección La Ilíada de Homero.

Otra de las grandes preocupaciones de Bonifaz Nuño fue el del conocimiento del universo mesoamericano. Asistió en los años cincuenta del siglo pasado al seminario de náhuatl, que mantuvo en la unam durante muchos años el maestro Miguel León Portilla. Allí el poeta revisó las traducciones literales que realizó León Portilla de los 13 poetas del mundo azteca. Bonifaz Nuño, por su parte, incorporó este tipo de conocimiento a su vida y sobre todo a algunas de sus obras: con las aportaciones mesoamericanas, arregló los poemas de Fuego de pobres y, además , preparó , primero, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, en 1963, en donde comparó y enlazó los universos del mundo latino –la poesía de Horacio– y el discurso de La flor y el canto. Una década después , Bonifaz Nuño , al preparar su discurso de ingreso a El Colegio Nacional, comparó la creación de la ciudad al aglutinar, en un sólo argumento histórico y literario, la idiosincrasia del mundo maya contenido en el Chilam Balam y la fundación de Roma, según los parámetros del universo poético de Virgilio.

Durante los últimos años de su existencia, Bonifaz Nuño se volcó de lleno en el universo de la antigua cultura mexicana; compuso diversos ensayos con este tema, de tipo iconográfico y descriptivo, sobre Tláloc o la Coyolxauhqui, el monolito dedicado a la luna, “la coronada de cascabeles”, por ejemplo, y también sobre la iconografía olmeca. Como corolario de esta inclinación por el ámbito de lo mexicano, Bonifaz Nuño fundó, en la Universidad Nacional Autónoma de México, el Seminario de Estudios para la Descolonización de México, al que dedicó sus últimos impulsos de trabajo y las últimas luces de su vida intelectual.
La misión capital de Rubén Bonifaz Nuño ha sido la de contribuir a la literatura mexicana con su obra poética. Su estilo predominante ha sido, además de personal, clásico, aunque compuso en varios registros estilísticos: fue un poeta culto y, a veces, de expresión coloquial, como en sus calaveras o en los poemas de Los demonios y los días y en Albur de amor. Supo mezclar lo universal con el universo tradicional nuestro en los poemas de su libro Fuego de pobres –como se ha mencionado–y arregló libros completos dentro de la tradición clásica, como La muerte del ángel e Imágenes.

La antología Rubén por nosotros presenta una amplia selección de los registros estilísticos del poeta Rubén Bonifaz Nuño, donde –como se lleva dicho– ha privilegiado, en la selección ofrecida por Vicente Quirarte, la inclusión de libros completos y, asimismo, la de una rica variedad de otras opciones y modos de poetizar, todo con la finalidad de dar al público lector una selección de la mayor parte de sus expresiones poéticas.