El Pez y la Flecha. Revista de Investigaciones Literarias

DOI: 10.25009/pyfril.v3i5.95

Sección Redes

Vol. 3, núm. 5, enero-abril 2023

Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias, Universidad Veracruzana

ISSN: 2954-3843

Desterritorializar textos. Traducción y conformación de identidades culturales

Deterriorialize texts. Translation and conformation of cultural identities

Carlos Navarro Gonzálezaa

aUniversidad Complutense de Madrid, España 0000-0002-7120-2051

Resumen:

En este artículo, analizaremos el papel que juegan las traducciones no sólo en los individuos, sino en las comunidades que acumulan, que reciben ese saber nuevo a partir de la traducción de un texto que ayuda a la conformación de identidades –cultural, idiomática, social, política. En este artículo, se podrá ver un acercamiento a las maneras en que influyen estas traducciones en la propia lengua a la que son traducida estos textos y de qué manera se van creando y desarrollando nuevas comunidades periféricas, unidas por la lengua y sus nuevas formas de relacionarse con el poder, y la marginalización de los hablantes como agentes activos de estos interlectos.

Palabras clave: interlectos; periferia; identidades culturales; traducción; fronteras.

Abstract:

In this article, we will approach an analysis of the role that translations play not only in individuals but also in the communities that accumulate and receive new knowledge from translations helping to shape identities –cultural, linguistic, social, political. We will follow the traces of the ways in which these translations influence the language and in which fashion these texts are translated and how new peripheral communities are created and developed, united by language and its new ways of relating to power, and the marginalisation of speakers as active agents of these interlects.

Keywords: interlects; periphery; cultural identities; translation; frontier.

Recibido: 3 de agosto de 2022.

Dictaminado: 9 de septiembre de 2022.

Aceptado: 24 de octubrre de 2022.

 

La memoria del pasado no debe paralizar el presente, sino ayudarle a que sea distinto en la fidelidad, y nuevo en el progreso.
Umberto Eco,
La búsqueda de la lengua perfecta

Con estas palabras, comienza Jacques Le Goff el prefacio a La búsqueda de la lengua perfecta de Umberto Eco. Son las palabras de un historiador tomando en consideración no sólo el pasado, sino también el presente, y el papel que desempeñará el primero en el segundo para construir el futuro. Sólo que Le Goff hablaba exclusivamente de Europa, claro. Continúa así: “El futuro debe basarse en esa herencia que, desde la Antigüedad, incluso desde la prehistoria, ha convertido a Europa en un mundo de riqueza excepcional, de extraordinaria creatividad en su unidad y su diversidad” (Eco, 1993, p. 3). Al acercarnos al estudio de las relaciones de poder en escenarios que presentan multiplicidad de lenguas, observamos que éstos aparecen allí donde haya más de dos comunidades o incluso donde haya simplemente más de dos humanos dispuestos a comunicarse. Los asentamientos de comunidades, sobre todo aquellas que se encuentran en las periferias, en los márgenes, las bisagras entre culturas, se ven influenciadas por las relaciones para con las otras comunidades. Es importante entender cómo la lengua y las traducciones que naturalmente aparecen dan forma a estas culturas. Las similitudes y las diferencias, con sendas culturas mayoritarias, con las que comparten influencia cultural, demarcan, de manera mayoritaria, relaciones de poder de los hablantes de estas comunidades periféricas para con los hablantes que participan de la lengua del “centro”.

El hecho de que Eco y Le Goff hablaran de Europa en términos universales responde a una serie de acontecimientos político-militares que desembocaron en identificar a Europa con el mundo y a los intereses globales con lo que la cultura europea estableciera. Se nos plantea, por tanto, un escenario con una estructura vertical de dominación, que hace preponderar ciertas prácticas –o, en lo que concierne a este artículo, ciertas lenguas– por encima de otras.

La lengua crea las relaciones y el lenguaje crea la diferencia. De un mismo idioma pueden beber distintas tradiciones y viceversa. El creole, el lunfardo, las lenguas de las poblaciones migrantes pueden –y deben– modificar la lengua hasta la aparición de interlectos (Vidal Claramonte, 2021, p. 48), esto es, expresiones, palabras y encuentros de hibridación cultural en la lengua de estas comunidades y poblaciones. Los intersticios, los lugares en la frontera, son los espacios donde más patente se muestra lo viva que está una lengua. Espacios marginalizados, racializados, invisibilizados. No sólo se hace visible esta creación de márgenes con respecto a las lenguas y culturas marginalizadas en sentido simbólico –en tanto que cuerpos simbólicos de los hablantes como representantes de lengua y cultura–, sino también en aspectos puramente físicos. El norte frente al sur, el centro y la periferia, la ciudad y el interior. De este último segmento se ocupó, de manera profunda y brillante, Rafael Humberto Moreno-Durán, quien recuerda al Cortázar de Rayuela afirmando:

Si algo había elegido desde joven, era no defenderse ante la rápida y ansiosa acumulación de una “cultura”, truco por excelencia de la clase media argentina para hurtar el cuerpo a la realidad nacional, y a cualquier otra, y creerse a salvo del vacío que la rodeaba. (Cortázar, 1963. Cit. por Moreno-Durán, 1976, p. 142)

Una acumulación de cultura de forma pasiva. No por nada Cortázar (1963) utiliza la voluta: había elegido “no defenderse ante la rápida y ansiosa acumulación de una cultura”. El sujeto receptor de una cultura y con ella, inapelablemente, la lengua que la canaliza. La lengua, por otra parte, de la ciudad, de la migración, del continuo movimiento y mezcla a continuación del interior, del “vacío” que le rodeaba. Los ejes de oposición son muchos y muy distintos, todos ellos complementarios de la conformación cultural del individuo, de la región, de la comunidad hablante, etc.

Traducido o no, nos acercamos a un texto como extranjeros, con deseos de apropiación (Ricoeur, 2004). Extranjeros en tanto que visitantes ahondando en lo desconocido, del texto y del autor –y cabría decir, también del traductor. Nos adentramos sin sigilo, como diría Barthes (1977), en la lección inaugural de Semiología Lingüística del Collège de France, “con todo aquello que arrastramos de la lengua que hablamos”: el marco cultural, historia, sentimientos de pertenencia cultural, en tanto que escépticos y hablantes de una lengua que llamamos materna. A cambio, la traducción apela a un sentimiento de pérdida desde el inicio: sabemos que el texto al que nos acercamos está intervenido por una tercera persona –aún más distante– que conecta los textos de partida y llegada (Ricoeur, 2004). Un texto inexistente que determina la propia vida de sendos textos.

Conformación de identidades culturales a partir de una biblioteca total. Hacia un hacinamiento del saber

Actualmente, el acercamiento al conocimiento se caracteriza por ser rápido, abrasivo y acumulativo, pero no por ello menos efectivo. Leer tanto como lo hacemos diariamente en los teléfonos celulares, noticias de periódicos digitales, tweets, redes sociales en general, prácticamente todo lo que nos rodea no nos asegura un desarrollo de nuestra capacidad crítica. El mero acto de leer no supone ya la construcción de un sentido crítico robusto. Es más, cuanto más leemos, más posibilidades hay de que las main narratives, las expresiones de hegemonía cultural presente en los textos, permeen en nosotros.

Por supuesto, participamos activamente de un proceso acumulativo del conocimiento, una suerte de acercamiento a un modelo de biblioteca total –en términos de Ricoeur (2004). A diferencia del personaje de Rayuela, mencionado más arriba, la traducción participa desde un rol activo, pero no ingenuo de esta acumulación compulsiva. Esta acumulación de conocimiento se busca –a priori– en pos de una desprovincialización de la cultura propia, es decir, mediante un almacenamiento de conocimiento –algo así como una ambición enciclopédica. La cultura propia se impregna del conocimiento universal, haciéndola así partícipe de procesos globales y no meramente locales. Esta sedimentación y, con ella, estandarización del conocimiento casi descontroladas incluyen traducciones de textos indispensables en la adopción de este modelo de acumulación –hacinamiento– cultural. Las traducciones de idiomas globales –acaso globalizantes– son las que estandarizan las expresiones, las palabras; y con ellas, apuntalan aún más los cimientos de una lengua apegada a los relatos oficiales, a la burocracia y a las políticas nacionales, a las fronteras desde la metrópoli. Estas traducciones no hacen sino continuar con la estratificación de las lenguas, tal como Deleuze y Guattari (1975/1986) decían: separación de la literatura mayor y menor. Sea cual sea la sociedad o comunidad que participe de estos procesados de información, sólo la traducción ética asegura la implantación efectiva y total de dicha información. Dispersos, confusos y sobreinformados, acudimos a la traducción para participar de este flujo continuo de conocimiento acumulado de la información. Y aquí es donde la traducción es crucial.

Históricamente, las traducciones jugaban un papel eminentemente práctico: ayudando a desprovincializar la lengua y la cultura, un acercamiento del todo desconocido a todo el entorno que conforma el contexto cultural que, como individuos, conformamos y transformamos continuamente.
No obstante, ¿cómo acercarnos a diferenciar y definir lo ajeno y lo propio y sobre todo desde qué punto partimos conscientemente para sabernos partícipes de lo que afirmamos como propio? “What about the languages you speak? What about those other things that are speaking for you?” (Hall, 1993, p. 13).

Con las traducciones, se accede a ese sabotaje propio de la identidad propia y a un cierto sentimiento de pérdida. Sin embargo, frente a la fotografía propuesta por Ricoeur de autorreflexión –de 1. original → 2. texto traducido → 3. reflejo de uno mismo– es interesante añadir elementos de conformación de identidad que, a través de la traducción de textos, pueda ayudar a la incorporación –no ya acumulativa, sino de hibridación– de nuevos conocimientos que sumen a los conceptos propios de cercanía, pertenencia, memoria. Se trata de romper con maneras anteriores de ver y conceptualizar lo que nos rodea, identificar nuevas minorías y crear subjetividades. No podemos ignorar que, mediante la traducción de textos –y su posterior difusión, obviamente–, accedemos a materias de hegemonía cultural, comunicación, memoria, pertenencia, identidad... Los problemas a los que hace frente una buena traducción y cómo se diferencia de una mala traducción son principalmente éticos (Ricoeur, 2004). Una traducción, desde la perspectiva del traductor, no supone una tarea de copia y equivalencias. La fidelidad de traducción de un texto –éticamente– pasa por las equivalencias sintácticas, pero también por el significado político, por la relevancia acontecimental del texto, por el peso social, económico, cultural que acabe por pasar a formar parte del contexto intelectual y de la identidad de aquella comunidad de hablantes que sean visitados por / arrojados a esta traducción.

En el texto de Boris Groys (2022) sobre los cuidados, el autor nos recuerda que Kojéve entendió bien el camino del reconocimiento general: es el deseo de ser reconocido por el público lo que inspira el espectáculo de la cultura y la política: “El espectáculo moderno tiene lugar frente a un público democrático” (p. 88). Parece una obviedad, pero la lucha por la transmisión de un texto reside en el proceso de interpretación que, desde la traducción, entre otros, se alcanza. Sólo de esta manera se pueden entender las distancias entre original y copia y así abrir puertas a nuevas preguntas como de qué manera se presenta la otredad y lo extranjero en la traducción; de qué manera se conforman identidades culturales mediante los trabajos de traducción; y, en último término, qué tipos de traducciones hay en la sociedad audiovisual, qué traducciones forman parte de la tarea del traductor.

No hay tal lugar. Internet como mapa intermitente

En términos tecnológicos, actualmente la relación individuo-territorio viene definida exclusivamente por el reparto geográfico de los servers que distribuyen usuarios globalmente. La comunicación entre individuos que, según condicionantes tradicionales, hablan una misma lengua local –pongamos por caso, el alemán– tienen, como diría Robin Myers en su entrevista para Latin American Literature Today (Dixon, 2021), su primer círculo concéntrico en su forma de hablar el alemán; después, un círculo concéntrico para todos los países germanoparlantes; y después de eso, el círculo concéntrico común para la comunicación global –el inglés, probablemente. Este esquema no aporta nada nuevo porque en el último siglo los crecientes movimientos de personas entre países fueron generando esta necesidad de lengua global que sirviera de puente práctico. Una traducción puramente ejecutiva que solucionara los problemas de paso.

Sin embargo, para afrontar este espacio de intercomunicación global, que ya no presenta el mismo aspecto que el tradicional, la traducción no es meramente ejecutiva, sino que plantea escenarios permanentes, diarios, y a su vez compartiendo espacios –esta vez sí– físicos con el desarrollo diario del individuo, marcados por su lengua original. Los conceptos y sus traducciones provenientes de otras lenguas –principalmente del inglés– no cabalgan sobre la / las lenguas receptoras, sino que se hibridan con ella.

Los procesos de traducción mentales de los individuos en forma de neologismos, nuevos estilos y expresiones, que no necesariamente son barbarismos de la lengua receptora. Traducir, sí, pero para quién, en qué plataforma y en qué medida.

Cabría reflexionar acerca de cómo los procesos de traducción se insertan en la información que recibimos día a día. No es ningún secreto que estamos sobresaturados de información y que la mayoría de ella no está “curada” o al menos unificada en criterios editoriales. La información traducida viene de canales manuales –alguien lo ha traducido para la versión en inglés y en español del sitio web– o Google Translate ha extraído la traducción que estás leyendo del tesauro que va cultivando poco a poco, con el riego diario del algoritmo. ¿Cuál es el lugar del traductor en el que realiza su tarea?

Para evitar caer en silogismos naïves, nos desviaremos de pensar que, puesto que el valor simbólico de los libros ha pasado de revolucionario a objeto de lujo –en tanto que físicos, esto es, con sello editorial–, las traducciones que ellos mismos acarrean consigo por cada lengua que transitan corren la misma suerte, es decir, admitir que el diálogo interno del traductor, nutrido de un proceso de peinado del texto original que lleve a decisiones finales, está recluido, en su mayoría, en el mercado de lujo y las galerías de arte –pongan las mayúsculas en las palabras anteriores que ustedes consideren.

Recordando a Martin Heidegger, Boris Groys (2022) hablaba, por un lado, del Rin como el símbolo poético que llevaba Alemania consigo y, por el otro, del río como cauce de agua que acciona los mecanismos necesarios para que la central hidroeléctrica produzca energía. La casi desaparición de la primera en pos de la segunda indica, dice, la pérdida de su estatus ontológico originario, puesto que el Dasein (el ser ahí) “ya no existe bajo la modalidad del cuidado de sí; el Dasein moderno está preso y es controlado por la técnica” (p. 99).

La traducción de textos con una curadoría o, al menos, una unificación de criterios académicos o literarios sigue aferrada a dinámicas de impresión en papel o ligadas a mensajes institucionales, en el mejor de los casos. La cantidad de textos producidos para ser consumidos únicamente online no vienen curados o repasados de la misma manera que lo harían las impresiones en papel, es decir, estamos asistiendo a un escenario de traducciones más inmediatas, más estandarizadas o al servicio de tesauros alimentando algoritmos. De la misma manera, y paradójicamente, esta producción acelerada y –en un comienzo– descontroladamente natural incorpora formas de lengua totalmente representativas de cómo se habla, se pronuncia, qué palabras son más comunes e incluso representan el trazo potencial del recorrido de expresiones / palabras más allá de la localidad donde naciera, por alejada que esté.

La recolocación de estos objetos-valor –las traducciones– en la actualidad necesitan un contexto y además, tener en cuenta el utilitarismo y el cortoplacismo al que tanto textos como traducciones han de rendir cuentas.

Libertad vigilada: construcciones de identidad cultural constreñida

He [Ezequiel Zaidenwerg] insisted we learn the nuts and bolts of meter as a way to approach translation with a deeper sense of poetic tradition, [...] you’re searching for freedom within constraints, trying to create something new within the armature of something that already exists, paying obsessive attention to the relationship between the parts and the whole.

Arthur Malcolm Dixon,
I approach translation as a cover artist

En el acto de traducir, buscamos libertad dentro de ciertos constraints (Dixon, 2021). Entre la obsesión por la fidelidad al original y la voluntad de producir un texto que sea nuevo y propio, subyace un deseo de afirmación identitaria. La relación entre el original y la copia viene marcada principalmente por la distancia que hay entre ambos marcos geográficos de la lengua, es decir, cuán separadas estén los dos idiomas –el de origen y el de destino. Esta distancia engloba el parentesco entre los dos textos del que hablaba Benjamin y la résistance de la que hablaba Ricoeur, que presenta tanto el traductor como el propio texto en el momento de la traducción.

Cómo se comporta el traductor o, en otras palabras, cuál es el deseo que imprime en la traducción que propone del texto a traducir. Puede ser la repetición de una frustración secular de un clásico, en el que se imprimen los intentos de impregnación de una cultura de un texto o autor concretos. De la misma manera, puede devenir de un ejercicio de ego del traductor, que pretende, mediante un ejercicio casi poético, aportar nuevas perspectivas al original que está traduciendo.

Hay que afirmar que sólo es la búsqueda de esa libertad lo que subyace entre límites –constraints– y que puede resultar una afirmación un tanto plana o, al menos, paradójicamente, estar limitada. Puede parecer que la traducción se estructura en torno a funciones ejecutivas, con pequeñas licencias creativas. Esa búsqueda de libertad bien suele proceder a su vez de un ejercicio de ego creativo por parte del traductor, de ego nacionalista por parte de un país con necesidad de acumular saberes en otros idiomas, en pos de la construcción de un poder simbólico sobre la lengua, o puede proceder de meros intereses económicos, de la naturaleza que fuere. Desde una caída de la bolsa de Corea, por una mala traducción en YouTube,1 hasta el papel de traductores y de asistentes legales para niños migrantes en EEUU que son tratados como adultos legales.2

¿De qué manera las traducciones pueden reinventar, apropiarse de u orientar las cuestiones de identidad cultural en cuanto a memoria, tradición, cultura? Parecería bastante evidente la consecución “traducir para traer” –un conocimiento, una nueva visión, una nueva perspectiva, un nuevo lo que sea– a esta comunidad de hablantes. La clave de estas afirmaciones no está en qué aporta cada una y por qué las hace igualmente necesarias, sino que todas ellas llevan implícito el adjetivo “nuevo”. Aportar novedad(es) a categorías identitarias dentro de la cultura receptora. Afirmar, como lo hiciera Ricoeur, que la cultura ha de desprovincializarse por medio de nuevas traducciones sería entender este movimiento de hibridación cultural en clave nacional –o al menos en tanto que fronteras colectivas, geográficas, locales o no–, además de establecer una relación vertical ciudad-pueblo.

Sin embargo, desprovincializar(se) tiene mucho que ver con la conformación de la propia identidad cultural. Adquirir nuevos términos y aplicarlos en la generación de nuevas perspectivas identitarias complejiza –en el buen sentido de la palabra– la arquitectura identitaria del individuo o el colectivo receptor. Recordando las palabras de Stuart Hall (1994), sería acometer el proceso de becoming. La autora Cristina Rivera Garza (2020), en Autobiografía del algodón, hace un recorrido autobiográfico de la frontera entre México y USA, en la que ella ha nacido y por la que se ha movido durante toda su vida. Y lo especial en ella es que incorpora significantes, así como términos en lengua original y traducciones de los pueblos originarios, de los que –resulta– ella provenía.

Dentro de esta lógica de individuo-territorio, se engarzan reflexiones ya publicadas: como la de la nacionalización de saberes extranjeros, en el caso de Goethe y Holderlin, como recuerda Benjamin (1923/2021), o la de su contrario –y ya mencionado más arriba–: la desprovincialización de la cultura, que recuerda Ricoeur. Sin embargo, resulta interesante desbrozar el concepto de territorio, si bien muy brevemente, para entender qué lugares no físicos condicionan espacios de cultura y conocimiento actuales, sobre todo tendiendo la mirada a internet y a los espacios de no-lugar epistémico, aquellos que barren los espacios tradicionales en los que las traducciones tenían un radio de alcance determinado.

La otredad, lo extranjero. Sistemas duales de comprensión de la traducción

¿Cómo de libre puede ser una traducción? ¿Es acaso la primera tarea del traductor afrontar lo extranjero de un texto y volverlo a fundir de acuerdo con las normas de lenguaje de destino?

Susan Sontag, On being translated

I write as an American or an Indian, about things American or Indian or otherwise, one thing remains constant: I translate, therefore I am

Jhumpa Lahiri,
Intimate Aliénation: Immigrant Fiction and Translation

Puede que no tengamos certeza de qué somos, pero –tal y como recuerda Hall (1958) cuando describía a los ingleses en las expresiones más racistas de éstos en los años 1950– “sí saben lo que no son: no son negros, no son marrones” (p. 4). Color de piel, procedencia, pasado, tradición y, sobre todo, idioma, ingredientes todos para delimitar, por algunos, lo que es propio de lo ajeno. Lo “ajeno” que merece una vigilancia especial frente a lo considerado como “propio”, para evitar peligros que impidan la pureza, la preservación. En este artículo, se ha mencionado recurrentemente el origen y el final del texto traducido. La “copia” como forma del destino de un texto original escrito en otra lengua. ¿Puede ocurrir, no obstante, que en un contexto nacional o de mismo marco socioeconómico o cultural, que la lengua de origen y de destino sean la misma? Esta paradoja se produce, efectivamente, cuando se obvia, se minusvalora o se prohíbe la lengua nativa de las comunidades que habitan en una región-zona-lugar por un poder hegemónico presente y activo, materializado en una lengua del conquistador, de la época colonial (Sontag, 1997). En este punto concreto, es donde radica la importancia –o la justificación, si se quiere– de las traducciones literarias en dialectos o en lenguas regionales, en oposición a la idea de identidad nacional proveniente del siglo XIX, y que ha venido extendiéndose hasta nuestros días.

Cómo poner en valor las identidades culturales, en función de lengua –y con ella, traducciones a la misma–, y a la vez aceptar la utilidad de utilizar una lingua franca, un mero aparato vehicular con el que constantemente traducimos. Es más, ¿dónde caben aquí conceptos como el de la Weltliteratur y la autenticidad del corpus lingüístico de la literatura? Esta aparente contradicción se responde con el mismo componente nacional que motiva la primera conclusión: con “mundial” o “global”. Goethe, quien acuñó dicho término, se refería a Europa y los proyectos de cultura europeos (Sontag, 1997). Éstos, a través del colonialismo estructural y los procesos imperialistas de aculturación, imponían su cultura allí donde tenían sistemas coloniales instalados; y con ellos, sus múltiples lenguas. Lo que aparentemente puede verse como global en realidad es un proyecto de estandarización de unas lenguas sobre otras, estructurado todo ello sobre sistemas coloniales y nacionalismo. La traducción como base de esta estandarización se propuso como justificación de convivencia de estas únicas lenguas. Se trataba fundamentalmente de validar el tráfico de traducciones entre las fronteras europeas, allí donde se reprodujeran en las colonias, esto es, en el resto del mundo.

El desenlace –o acaso continuación– de la disolución de estas formas imperialistas de control sobre territorios y lenguas tiene mucho que ver –o al menos es fácil acordarse– con Foucault y el concepto de las heterotopías, poder y desarraigo, columnas de refugiados que acaban por vivir en las fronteras, haciendo de ellas no-lugares habitados, donde la diferencia genera nuevas traducciones y lenguas híbridas. La conformación de las identidades culturales de estos grupos de personas necesita de lecturas críticas con la geografía y la política en la historia; y con ellas, entender por qué la traducción es tan importante en territorios plurilingües (Vidal Claramonte, 2021).

Desterritorializar al lenguaje del imperio

Si uno fuera a comprar una cajetilla de tabaco a Serbia o a Croacia, se encontraría con el mensaje disuasorio de “fumar mata” en tres idiomas distintos: serbio, bosnio y croata. Sería un hecho bastante común si no fuera porque tienen la misma escritura –a diferencia del serbio, que se escribe en cirílico–, mismo sonido y mismas palabras. Aparentemente, son el mismo idioma.

El punto de unión entre idiomas distintos para un mismo territorio indica la existencia de acontecimientos históricos o políticos que, por procesos de cabalgamiento cultural, implican opresiones de una lengua sobre otra o incluso lo contrario: recepción de grandes masas migrantes, refugiados, transterrados. ¿Cuál es, entonces, la lectura que podemos hacer de la cajetilla de tabaco que comparte un –tres– idioma, que es igual, pero que convive en un escenario tan políticamente tenso que repetir las mismas palabras indica la presencia del vecino, traza la frontera y graba a fuego qué es lo propio y qué lo ajeno, aunque tengan misma forma y mismo significado?

Del otro lado del mundo, centenares de lenguas diferentes cohabitan bajo el mismo techo estatal: la India se ha mostrado siempre como un reto para englobar diferencias culturales y lingüísticas. La enorme cantidad de traducciones de textos institucionales haría imposible la consideración equivalente de todas esas lenguas sin que impidiera la claridad de los mensajes a transmitir. Es de este modo como Sontag afirma que sólo por ser ajeno, extraño, el inglés pudo llegar a ser el idioma unificador de tantas lenguas. El inglés era tan ajeno a todas ellas que resultó ser lo único que tenían en común (Sontag, 1997).

1380 millones de personas con –potencialmente– dos lenguas, debatiendo cuál de ellas es la primigenia y natural por el mero hecho de existir en un ambiente de intimidad y la otra, que genera la intimidad, pero sólo por medio de la hipervigilancia, del seguimiento cercano de los propios errores para con esa lengua y con un espíritu eminentemente funcional (Rivera Garza, 2021). Es la relación entre lo íntimo y lo público y la multiplicidad de historias diversas como se llega a perturbar la totalidad (Mignolo, 2000).

Frente a las políticas de nación de las lenguas, aparece la importancia del lenguaje y las variantes que de él salen. Se plantea el escenario de hablar de “los españoles” y no del “español” y hablar asimismo de los “englishes” y no del “English”. Todos los países que poseen historia entrecruzada con el imperio británico o con dominio estadounidense tienen ligados la lengua inglesa con ellos, de la misma manera que con los países hispanohablantes, de la francophonie, etc. Sin embargo, el crecimiento, la sedimentación del idioma históricamente impuesto con las lenguas vernáculas anteriores y coetáneas hacen de esa lengua, el “inglés”, el “español”, el “francés”, un espacio de reterritorialización: de la literatura, del lenguaje, de las traducciones y del aspecto de la lengua. Se habla de literatura translingüe desde hace muchos años, pero también aparecen términos como metrolingualism, polylingualism, heteroglossia, etc. El hecho de que el inglés o el español, por ser dos de las lenguas globales más habladas tanto en países que lo tienen por lengua oficial como por otros muchos que no, presentan un aspecto hibridado con otras lenguas. Presentan palabras directamente insertas en inglés, en portugués o en lenguas de pueblos originarios.

Ofelia García afirma que Translanguaging es una lente teórica que ofrece una perspectiva distinta del bilingüismo y el multilingüismo (García y Vogel, 2017). Y es precisamente en su insistencia en que las ideologías estructuralistas desarrolladas durante los periodos coloniales y modernistas han dominado el estudio del lenguaje donde resulta más interesante poner el foco. En este mismo estudio, menciona la importancia de la pedagogía del translingüismo en los profesores (García, Johnson y Seltzer, 2017), donde el valor adjudicado por los estudiantes a sus prácticas lingüísticas, el diseño del plan educativo de esa lengua y los propios cambios en ese plan pedagógico ayudan a consolidar las formas ulteriores de translingüismo en aquellas comunidades que lo desarrollan. Por otra parte, Barbara Seidlhofer introduce el concepto de ELF –English as Lingua Franca. Habla de este concepto como una cuestión de actitud. Un acercamiento de tierra de nadie desde el inglés como mera lengua de contacto. Martín Giráldez y Pujol Cruells (2018) lo traen a colación en El fill del corrector. Arre, arre, corrector, en una de sus hilarantes notas-conversaciones entre autor y traductor, siendo este segundo quien recuerda la diferencia entre error y probatura:

el hablante que está aprendiendo inglés comete errores, el hablante de ELF hace probaturas e invoca nuevas variantes idiomáticas. El inglés, como lengua global, empieza a ser maleado tanto por los hablantes nativos como por los no nativos. La lengua codificada, por tanto, no representa la totalidad de la lengua posible. (pp. 46-47)

Es precisamente la codificación de esta lengua y el poco servicio que le hace a la totalidad de la lengua posible lo que inspira un estudio más profundo de los márgenes, de los territorios y los hablantes en la frontera de la lengua, llegando a esferas académicas hablando de Nueva York –en espacios de estudio de las comunidades latinas– como “It’s the last great European city. And the first great American city. –And the capital of Puerto Rico” (Braschi, 1998, p. 129). O en otras esferas fronterizas, en el margen de la lengua, pero expresadas en el puro centro de la hegemonía cultural y mainstream. “Tú ere’ una player, me hiciste un crossover / Esta ve’ metiste, me diste game over, eh-eh /(huh) / Porque no puedo olvidar / El perreo, aquel, que se fue viral.” Plagada de interjecciones en inglés, esta canción de Bad Bunny (2021), Moscow Mule, es verdaderamente ilustrativa. Este aspecto de la lengua es parte de la evolución del español de Puerto Rico, no ya sólo por la influencia del inglés en la isla –Estado libre asociado de los Estados Unidos–, sino por la comunidad puertorriqueña en los EEUU continentales –en el 2018, el 64 por ciento de los puertorriqueños vivía en los 50 estados y la capital federal; el otro 36 por ciento en la Isla de Puerto Rico.3

Las letras, si bien muy ceñidas a reproducir cánones exitosos en términos monetarios y de rápida difusión, están plagadas de términos en inglés, como veíamos más arriba, pero también incluyen algunos conceptos heredados de pueblos originarios y aplicados en el lenguaje moderno de Puerto Rico: “Tú te ve’ asesina con ese mahón (¡Wuh!)”, donde “mahón” hace referencia a los pantalones vaqueros, a los jeans –llamados así en Puerto Rico, siguiendo la estela de las fuertes telas de las comunidades prehispánicas de la isla. Por continuar con el ejemplo de esta misma canción, Yonaguni, lanzada en 2021, además de términos en inglés, propios de la comunidad puertorriqueña, así como de las generaciones más jóvenes integrando el inglés en su habla cotidiana –¿o quizás es al contrario?–, también están presentes las filias de subcultura otaku. Los versos de Yonaguni que finalizan la canción son los siguientes:

今日はセックスしたい (kyō wa sekkusushitai) Quiero tener sexo contigo hoy
でもあなたとだけ (demo anata to dake) Pero solo contigo
どこにいますか?(doko ni imasu ka?) ¿Dónde estás?
どこにいますか?(doko ni imasu ka?) ¿Dónde estás? Bad Bunny (2021).

Los márgenes de la lengua, los territorios por desterritorializar, se encuentran en todas partes de las expresiones culturales y con ellas, presentes en la lengua, que, si sigue viva, presentará modificaciones a la expresión más académica de la lengua en cuestión.

La cotidianeidad del multilingüismo en lenguas vivas acude a la llamada de reterritorializar los márgenes, a incluir las costumbres, las raíces, la cultura, la historia, la tradición, la memoria de quienes lo hablan. Las lenguas no nacen exclusivamente del centro, sino que su desarrollo, sus signos de presencia vital se hacen presentes también en los terrenos lejanos de la –todavía– metrópoli. Escuchar e incorporar estas vivencias es lo que de verdad representa a comunidades enteras, aún ignoradas y apartadas. Traducir, pero también no traducir ciertas palabras insertas entre otras muchas, construye identidad allí donde históricamente una lengua se ha impuesto a otra.

Bibliografía

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Notas

1 Cuando en los subtítulos de Youtube del video de las últimas decisiones del grupo BTS para atajar la deriva de sus últimos discos se tradujo, malintencionadamente, el término coreano por “hiatus” –en el inglés original–, en lugar de “tomarse un tiempo”, la comunidad Army entera se movilizó, creando un caos en internet y con ello una bajada de las cotizaciones de la empresa HYBE –un 25%– en la bolsa de Corea del Sur, de la cual aún no se han recuperado.

2 En Los niños perdidos de Valeria Luiselli (2017), se relata cómo los intérpretes prestan –tienen que prestar–, además de la tarea propia de anotar en inglés los testimonios que escuchan de niños migrantes hispanohablantes, atención a cada detalle de sus relatos, que serán llevados a tribunal en la corte migratoria.

3 Censo de EEUU, American Community Survey, 2000-2018 (Unites States Census Bureau).